Lo más importante – El sermón del monte

EL SERMÓN DEL MONTE

LO MÁS IMPORTANTE

Lectura: Mateo 6:19-21

Por favor cambia tu mente a la forma de la de un niño para que puedas entender la Palabra que Dios tiene para ti hoy.

El sermón del monte es una predicación hermosa que Jesucristo pronunció, se cree, sobre el monte ahora conocido como Monte de las bienaventuranzas. En esta preciosa predicación, Jesús nos dejó fundamentos sólidos para construir nuestra vida y para cambiar nuestra perspectiva de ella. Quiero, con esta serie de devocionales, llamar la atención de cada uno de ustedes a la importancia que tiene la aplicación de esta hermosa predicación para nuestra vida diaria, predicación que tiene tanta vigencia hoy como la tuvo cuando fue enseñada por primera vez:

Lo más importante:

Vivimos en una sociedad egocéntrica donde todos quieren lo mejor para sí mismos; se nos enseña (directa o indirectamente) a competir entre nosotros en lugar de compartir y complementarnos. Estamos ansiosos por tener más; un mejor sueldo, un mejor cargo, una “mejor vida”.

En este mundo interconectado, la vida va tan rápido que a veces no nos hacemos las preguntas que vale la pena hacernos, por ejemplo, ¿Estamos viviendo bien?, ¿A qué estamos dedicando nuestra vida?, ¿Cómo estamos invirtiendo nuestro tiempo?, ¿Cómo estamos distribuyendo nuestro dinero?, ¿Qué significa realmente tener una “mejor vida”?

La codicia ha acompañado a la humanidad desde siempre y ha sido la precursora de un sin número de desastres en todos los niveles de la sociedad. Sin importar nuestra raza, cultura o nacionalidad; todos los seres humanos parecemos compartir esta cruel y egoísta naturaleza orgullosa que nos invita a buscar, desesperadamente, el primer lugar.

Considero que tener una naturaleza que tiene un anhelo de trascendencia y éxito no es el problema, sino que el pecado ha tergiversado dicha naturaleza hasta convertirla en un profundo defecto que ha sido capaz de empezar guerras, destruir familias y destrozar corazones.

Nuestro Señor Jesucristo, nos enseñó que hay dos clases de tesoros: Los que hacemos en la tierra y los que hacemos en el cielo.

Note que Jesús no está diciendo que atesorar sea malo pues Él sabe que es nuestra naturaleza desear trascender y ser productivos. Después de todo, fue el mismo Padre celestial quien puso en nuestro corazón ese anhelo, esto podemos interpretarlo en la instrucción que dio a Adán y Eva en el Edén cuando les mandó que “fueran fructíferos”. No considero que fuera un mero llamado a tener hijos, creo que era algo con mayor trascendencia y que estaba enfocado en “sean útiles”, “sean productivos”, “sean valiosos”. De igual manera, en la parábola de los talentos, podemos ver que el deseo de Dios es recompensarnos por nuestra labor en su obra en la tierra, así que la interpretación no es que buscar sea malo, sino que estamos buscando mal.

Ahora bien, surgen algunas preguntas de este planteamiento: ¿Qué es lo que vale la pena buscar en la vida?, ¿Dónde debo buscarlo?, ¿Cómo debo buscarlo? Jesús da respuesta a estos tres interrogantes en este pasaje, como veremos a continuación:

1. ¿Qué buscar?: Jesús nos llama a buscar hacer riquezas en los cielos en lugar de hacer riquezas en la tierra. La razón es muy simple: Lo terrenal se acaba, lo celestial no. Recordemos cuando Pablo enseñó que los atletas en el estadio se apresuran con todas sus fuerzas para ganar un trofeo corruptible y nos insta a que nosotros, con aún más fuerzas, busquemos ganar uno incorruptible. Un campeón no dura para siempre, los atletas se esfuerzan y entrenan con rigor para ganar un trofeo que luego puede obtener otro equipo u otro jugador. Las personas dedican su vida entera para amasar riquezas que al final no podrán llevarse a la eternidad. ¿Realmente vale la pena dedicar nuestra vida entera para obtener algo que perderá su valor con el tiempo?, ¿Por algo que simplemente puede oxidarse, extraviarse o dañarse?, ¿Por algo que trae un gozo temporal?, ¿Por algo que puede ser robado o quitado? Ciertamente no lo vale. No caben dudas que la alegría de un jugador al obtener su título es grandiosa, pero es una alegría efímera. Nuestro gozo, en cambio, será eterno.

2. ¿Dónde buscar?: Jesús nos exhorta a buscar lo que está en los cielos y a empezar a dejar atrás la mirada de las cosas de la tierra. Esto quiere decir que nuestra búsqueda debe estar enfocada en lo que Dios anhela más que en lo que este mundo nos ha enseñado que es útil y valioso. Lo que Dios anhela es que vivamos en amor, que lo amemos a Él, que seamos humildes, que le sirvamos y que amemos a los demás. En Miqueas 6:8, el profeta nos enseña qué significa buscar las cosas celestiales en lugar de las terrenales. Él nos dice que Dios anhela tres cosas de nosotros: Practicar la justicia, ser misericordiosos y humillarnos ante Dios.

3. ¿Cómo buscar?: Un día, los discípulos estaban discutiendo sobre quién sería el mayor en el Reino de Dios. Ellos tenían su mente en lo terrenal, pues estaban pensando en la grandeza de esta tierra, en el poder político, en la riqueza o en una elevada posición. Eso es, precisamente, lo que busca el mundo hoy en día. Jesús les explicó, poniendo un niño en medio de ellos, que el que quiera ser el más grande debe hacerse el más pequeño y servidor de los demás. Esto es impresionante, porque Jesús no les está diciendo que dejen de perseguir la grandeza, les está diciendo que la grandeza no era lo que creían: La grandeza está en el amor y en el servicio. Esto tiene mucho sentido, pues el llamado de Génesis a “ser fructíferos” no significaba que debíamos buscar ser mejores y competir por lo terrenal, sino que era un llamado para ser útiles para el mundo, Dios anhela que nuestra vida sea de beneficio para los demás. ¿Es tu vida de beneficio para los demás? Jesús explicó que “Donde esté su tesoro, allí estará su corazón”. Lo que debemos hacer es poner todo nuestro esfuerzo, tiempo, dedicación, capacidad y vida entera en las cosas de Dios. Toda nuestra vida debe girar alrededor de Dios, así es cómo buscamos las cosas de los cielos, si nuestra vida personal, nuestra vida espiritual, nuestro tiempo, nuestra economía y nuestro esfuerzo están tras sus sueños. Debemos buscar a Dios con nuestra vida entera.

QUE DIOS TE BENDIGA

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará”

Salmo 1:1-3

Autor: Juan Felipe Caro Valencia
Escrito para www.destellodesugloria.org

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