Si me pisan me entierran más en Jesús

Si me pisan me entierran más en Jesús

“De cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”.

Cuenta una historia que un hombre transportaba agua en dos grandes vasijas colgadas a los extremos de un palo que llevaba sobre los hombros. Una de las vasijas era perfecta y conservaba toda el agua al final del largo camino que tenía que recorrer a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón, pero la otra tenía varias grietas, cuando llegaba solo tenía la mitad del agua. Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de su trabajo.

Transcurridos dos años, la tinaja quebrada dijo así al aguador: “Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivo: “Cuando regresemos a la casa quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la tinaja, y vio muchísimas flores hermosas a lo largo del trayecto, pero de todos modos se sentía apenada porque al final solo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces: “¿Te diste cuenta de que la flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise ver su lado positivo. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas, las regué todos los días y con esas flores decoré el altar de Dios. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza para Dios.

En esta preciosa historia, vemos como todo en la vida tiene un propósito, aunque a veces pareciera que “nuestras grietas no tuvieran ningún sentido”, porque hemos sufrido muchos reveses en la vida y nos vemos como inútiles, como que siempre nos falta algo para poder alcanzar nuestro objetivo.

Hubo un hombre maravilloso que se llamó Juan, que nació antes de Jesús para prepararle el camino, él predicaba el arrepentimiento de pecados. Juan era un hombre sencillo, sincero y muy valiente. Él me hizo acordar al ejemplo de “la vasija agrietada” porque él cumplía una misión que nadie comprendía, y por eso era sometido a preguntas como:

¿Tú quién eres?, ¿eres Elías?, ¿Qué dices de ti mismo? Y Juan respondía: “Yo soy la voz de uno que clama en el desierto…”

Y cuando le preguntaron acerca de Jesús él respondió: “viene tras de mí el que es más poderoso que yo, a quien no soy digno de desatar encorvado la correa de su calzado”.

Esta respuesta era como si dijera: “yo soy la vasija que riega el camino, para que un día se llene de flores, cuando Jesús se entregue en la cruz y compre para sí mismo un jardín que lo llenará todo de un gozo indecible”

Juan supo morir a sí mismo, por eso Dios sabía que podía contar con él para prepararle el camino a su Hijo. Juan era digno de confianza, sabía ocupar el lugar que le correspondía. Quizás alguna vez o muchas veces pasaste por situaciones en donde tuviste que negarte a vos mismo. Yo te quiero decir que si lo hiciste en el Nombre de Jesús, entonces ese día llevaste mucho fruto, porque la única manera de llevar fruto es muriendo a uno mismo. Yo como madre lo hice muchas veces por amor a mis hijos, y hoy puedo decir que tengo las manos llenas de la bendición de mi Dios.

Van a venir muchos a querer compararte con otros, a pretender descalificarte, para que te menosprecies a ti mismo y renuncies al propósito para el cual naciste. Su intención será apartarte de la verdad, porque el diablo sabe que tú eres un hombre y una mujer de una sola pieza, o sea eres íntegro.

Por eso cuando a Juan le dijeron: “Rabí, mira que el que estaba contigo al otro lado del Jordán, de quien tú diste testimonio, bautiza, y todos vienen a él.

Respondió Juan y dijo: “Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe”.

Si no queremos sacrificar nuestras expectativas, ni arriesgar nuestra reputación; si cuando somos llamados no miramos hacia adelante, pensando en lo que dejamos atrás, entonces quedaremos solos. Pero si queremos ser fructíferos, lo hemos de seguir a nuestro Bendito Salvador y junto a él activaremos todo nuestro potencial y por todos lados seremos “el grato olor de Cristo”, le cumpliremos el sueño a Dios, de llevar a muchos hijos a la Gloria.

Juan el Bautista en su mejor momento predicaba a viva voz, pero cuando estuvo preso le agarraron las dudas y mandó a preguntar a Jesús, si él realmente era el Cristo, el Cordero de Dios que había de venir. En situaciones difíciles dudamos.

Pero Jesús le mandó a decir: díganle que él me preparó el camino y yo estoy en ese camino honrando su memoria. Porque Juan antes de morir, había sembrado semillas muy valiosas. Por eso los que ya partieron nos abrieron un camino, dejaron huellas que tenemos que seguir. Siempre el Señor pondrá gente que nos sostendrá, gente que fue maltratada y que ahora están de pie, gente de oro, que vencieron y ahora nos dan ánimo para seguir avanzando. Los que caímos en buena tierra porque creímos en Jesús, podremos tener grietas, podremos haber sufrido mucho, pero justamente por eso, porque pudimos transformar el dolor en una bendición, por eso regamos el camino de aquellos que vienen detrás de nosotros, convirtiendo en un jardín ese camino pedregoso, regándolo a veces con lágrimas, ¡pero con la certeza que cosecharemos con regocijo!

Por eso, todo obstáculo tiene para los hijos de Dios el germen de la bendición para sus vidas. Cuando tengas un obstáculo no lo veas como un muro: ¡es una puerta que se abrirá para llevarte a un nuevo nivel de bendición!

Autora: Silvia Truffa

Escrito para www.destellodesugloria.org

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