Reflexiones – Cabalgando sobre los impulsos

CABALGANDO SOBRE LOS IMPULSOS

El comportamiento humano es motivado frecuentemente por la necesidad, el impulso y el instinto.

Un impulso es precisamente ese bombeo de adrenalina que te hace tomar las cosas a la ligera, sin pensar, sin mediar consecuencias. En ocasiones los estímulos basados en el impulso son buenos, y generan acciones meritorias; como por ejemplo una emoción de intensidad que te ayude a responder en un momento de peligro o en un momento que amerite tu respuesta inmediata. Sin embargo, nosotros los seres humanos fuimos hechos seres extraordinarios con una mente pensante y raciocinio que nos ayuda a meditar las cosas antes de actuar; muy diferentes al género animal. Tenemos como ejemplo a Moisés, quien siendo el hombre más manso y un líder de quilates, dice la biblia en los Salmos 106:32-33 “También le irritaron en las aguas de Meriba; Y le fue mal a Moisés por causa de ellos, porque hicieron revelar a su espíritu, Y habló precipitadamente con sus labios.” Por la misericordia de Dios Moisés no perdió su salvación, pero si perdió la bendición de pisar la tierra con la cual él había soñado y se había esforzado en llegar: Canaán.

Hay un principio en la Palabra de Dios que nos insta a pensar en los beneficios y consecuencias por cada una de las acciones que hacemos o tomamos a la ligera; los cuales una vez que se han consumado se cosechan frutos amargos para el resto de nuestra vida. Este es el momento en que puedas pararte firme y no dejarte dominar o seducir por las cosas que pasan a tu alrededor. Cuántas veces hemos tenido que decir ¿Por qué dije eso? y lastimosamente lo decimos luego de haber expresado algo que hirió a uno de nuestros seres queridos. En Proverbios 16:32 nos dice: “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” Debemos tomar total control de nuestros impulsos y emociones para que Dios se glorifique a lo largo de nuestra vida.

El hecho de poder dominar nuestros impulsos te hará participe de uno de los frutos del Espíritu: la templanza. Pero tu me dirás, he intentado todo para no dejarme envolver, no dejarme seducir, no pelear, no insultar, siempre termino de la misma manera, frustrado y haciendo lo que no debo. Debo decirte que la mejor arma para esta lucha interior se llama: ayuno. Es importante que para poder tener control de ti mismo, de tus apetitos carnales, de tus arranques de ira, de tu falta de dominio propio utilices esta arma que te da la Palabra de Dios: Isaías 58:6 dice: ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?

¡No te des por vencido; recuerda que aun Dios no ha terminado contigo!

Autora: Lucy Carmona

Escrito para www.devocionaldiario.com

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