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Reflexión: Un tren retrasado

Un Destellito En Las Manos De Dios

tren retrazadoSamuel y Sandra, se preocuparon cuando nuevamente el tren se detuvo. —No vamos a llegar a tiempo para tomar el otro tren que nos lleve a casa, dijo Sandra. —Así como vamos, tendremos que quedarnos en ese pequeño pueblo minero, y no me agrada mucho la idea, porque he sabido que los hombres de allí son algo salvajes, enceguecidos por encontrar oro, expresó con preocupación Samuel.

La pareja de creyentes, estaba como misioneros en un sector lejano de Australia, y no desaprovechaban la oportunidad de dar testimonio del Señor Jesús donde estuvieran. Ya en aquel pequeño pueblo, superando sus temores, y estando en la plaza, optaron por cantar a viva voz, y ambos lo hacían muy bien, “tal como soy, sin más que decir, que a otro yo no puedo ir; y tú me invitas a venir. Bendito Cristo, vengo a ti”, decía una estrofa. Poco a poco, algunas personas se acercaron, interesadas en ver a las personas que cantaban, también algunas ventanas se abrieron. Sin embargo, un poco más lejos, un muchacho lloraba amargamente, había dejado su hogar para, mediante la búsqueda de oro, hacer que su vida cambiara, se había cansado de la pobreza.

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Reflexión: La Aldea

Un Destellito En Las Manos De Dios

aldeaEsta historia aconteció en una aldea de Escocia, una de las cuatro naciones que conforman el Reino Unido, expresó Destellito. Se trata de las aflicciones de una madre cristiana por su hija que siendo muy jovencita tomó el mal camino, determinando salir de su hogar para llevar una vida licenciosa, dejándola sola.

Como era habitual, llovía intensamente, y la madre pensaba en su hija imaginando que debía estar pasando frío, muchas de aquellas noches las pasó en vela esperando su regreso, iría a buscarla pero no sabía en qué ciudad estaba. Todos los días hacía mención de su hija en sus oraciones, rogando al Señor que tomara los medios para que volviera a su hogar.

Cierta noche, cuando el agua caía desde el cielo torrencialmente, su corazón triste de mamá, no hacía más que pensar en ella. De improviso, sintió fuertes golpes a su puerta, al abrir, se encontró con una muchacha apenas cubierta con unos trapos muy delgados y empapados a más no poder, “pobre muchacha”, pensó.—Mamá, ¿me perdonas?, dijo la joven. La madre, apenada y regocijada a la vez, abrazándola la introduce al interior de su casa. —No hay necesidad que te perdone, jamás te he juzgado, pero te voy a pedir que oremos para que el Señor Jesús entre a tu corazón, dijo. —Pero mamá, si a eso he venido…necesito tu perdón por haberme portado tan mal, ya tengo el perdón de Dios, mi corazón ahora le pertenece a Jesús, respondió la hija. —¿Qué me dices, hija?, preguntó. —Sí mamá, hace dos semanas acepté a Cristo como mi Salvador personal, Él vino a mí cuando más lo necesitaba, caminé días para contarte, dijo la hija.

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Reflexión: Salto Chaco

Un Destellito En Las Manos De Dios

leyendo bibleSe cuenta la siguiente historia, dijo Destellito. Baldomero Díaz, era dueño de un negocio llamado Palo-a-Pique que vendía abarrotes, además de un bar, en Salto Chaco, Argentina. El local era muy rústico, estaba hecho de algunos palos parados, y cubierto por palmeras partidas que hacían de techo. Allí acudían trabajadores para adquirir algún comestible y mucho licor. En cierta ocasión, llegó un conocido contrabandista, que bajando de su caballo dijo, “atraparon a Pepe, y casi me agarran a mí también, los gendarmes no nos dejan en paz”. Era habitual que los fines de semana llegaran hombres a beber, y las riñas se sucedían con frecuencia, de tal modo, que las mujeres y los niños evitaban acudir al lugar. El contrabandista, sacando de entre sus alforjas un libro, lo pasó a Baldomero, —me dijeron que éste libro me haría rico, pero no hay caso, expresó.

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Reflexión: La muñeca de trapo

Un Destellito En Las Manos De Dios

muñeca de trapoLa historia que trae Destellito, tiene que ver con una pequeña que deseaba tener una muñeca. Vivía junto a sus padres y con su hermano Carlos, ella se llamaba Esperanza. Su casa estaba en el campo donde no había negocio que vendiera juguetes, las muñecas que tenían sus amigas, sus padres se las habían comprado en la ciudad. Su mamá, para dar en el gusto a su hija, le hizo una muñeca de trapo, rellena con granos de maíz. Esperanza estaba feliz. Cierto día, Carlos, estaba afanado haciendo un pequeño barquito de madera, y su hermana, entró corriendo al lugar y sin quererlo pasó a llevar el juguete que se rompió en varias partes. —Mira lo que hiciste, ¿por qué no te fijas por dónde corres?, le dijo muy enojado, — ¡Y a mí que mi importa!, contestó Esperanza, aunque se arrepintió rápidamente. Su hermano, dolido por la situación, decidió tomar venganza, y en un momento de descuido, tomó la muñeca de trapo de su hermana, enterrándola en el jardín. Esperanza sufrió mucho a causa de su juguete, y aunque la buscaron por todas partes no lo hallaron, mientras que Carlos, afligido, no hallaba la forma de desenterrarla y devolverla, temía a la reacción de sus padres. En cierta ocasión había llovido bastante y su mamá acudió al jardín para hacer algunos arreglos, fijándose que en un lugar apartado habían crecido unas hojitas de maíz que ella no había sembrado, extrañada fue al lugar, hallando, semienterrada, la muñeca de trapo de Esperanza. Terminada la historia, Destellito tomó su Biblia para leer:

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Reflexión: Los Mapuches o Araucanos

Un Destellito En Las Manos De Dios

Los Mapuches o AraucanosDestellito, se encontró con una historia que no puede dejar de contársela a sus lectores. Durante la conquista española, en el sur de Chile, existía una tribu de indígenas que se llamaban “araucanos” o “mapuches”, entre otras cosas se destacaban por su valentía, ya que ofrecieron dura resistencia a los soldados españoles, de hecho, jamás pudieron ser sometidos, de tal modo que existen hasta hoy. Vivían en rucas gobernados por un jefe o toqui, eligiendo al que tenía más fuerza, y desde pequeños eran adiestrados para la caza y la guerra. Los conquistadores introdujeron a la zona el perro y el caballo, además de otros bienes. Los araucanos cuando vieron al caballo montado por un jinete, creyeron que eran una sola cosa. También trajeron indios blancos, y como tenían la piel cobriza, creyeron que eran dioses, y negros que venían como esclavos. En cierta ocasión, en una incursión contra los españoles, los araucanos tomaron varios prisioneros, entre ellos, un hombre de raza negra. Al llegar al campamento, la gente araucana observaba sorprendida el color de la piel del prisionero, e imaginando que estaba sucio, lo bañaron con agua fría, después con agua caliente, y finalmente lo refregaron con corontas de choclo o mazorca, provocándole la muerte. Los indios intentaron en vano cambiar el color de la piel de desafortunado hombre negro, expresó Destellito.

Los Mapuches o Araucanos

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