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La Prueba de Carácter

La Prueba del Carácter

Una serpiente estaba persiguiendo a una luciérnaga. Cuando estaba a punto de comerla, esta le dijo:

-“¿Puedo hacerte una pregunta?”.

- La serpiente respondió: “En realidad nunca contesto preguntas de mis víctimas, pero por ser tú te lo voy a permitir”.

- Entonces la luciérnaga preguntó: “¿Yo te hice algo?”,

- “No, respondió la serpiente”.

- “¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?”

- “No, volvió a responder la serpiente”.

- “Entonces,  ¿por qué me quieres comer?” inquirió el insecto.

-“Porque no soporto verte brillar”, respondió la serpiente 

“Los patriarcas, movidos por envidia, vendieron a José para Egipto; pero Dios estaba con él”.

Tenemos un ejemplo muy claro en la Biblia, de alguien que en un momento de su vida sintió  “que se lo querían comer”, tenía una mente brillante, pero por lo general las personas así, cuando comentan todo lo que saben, no despiertan necesariamente admiración en los otros; sus hermanos lo envidiaban por eso y decidieron venderlo a unos mercaderes madianitas, quienes a su vez lo vendieron a los egipcios; y José, en lugar de volverse un hombre irascible, tomó otro camino que lo llevó hacia un destino de éxito.

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Destellito: La mujer orando en la plaza

Un Destellito en las manos de Dios.-

Destellito, paseando por un parque, con la intención de conocer más de los hombres, y para cumplir estrictamente con Dios Creador, observó que muchas personas estaban disfrutando en familia de un hermoso día. Encaramado sobre la rama de un árbol de frondoso follaje, se dedicó a contemplar con más atención a los que se encontraban allí. Al centro del parque había una pequeña laguna con algunos cisnes de cuello negro a los cuales algunos visitantes grababan en video, y otros les sacaban fotografías, mientras varios niños jugaban balanceándose sobre los columpios, riendo muy felices.

A la distancia, Destellito se fijó en una mujer joven, sentada en uno de los bancos color verde, apartada de los demás, solitaria; no le fue difícil darse cuenta que aquella mujer oraba con gran aflicción. Se acercó a ella desplazándose de árbol en árbol para contemplarla mejor.

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Destellito: Rosita en el Servicio de Urgencias

Un Destellito en las manos de Dios.-

Rosita, comenzó a contar Destellito, se encontraba con su hija enferma en el interior del Servicio de Urgencias del hospital de la ciudad, el lugar estaba abarrotado de personas con diferentes dolencias y que estaban siendo atendidas por el personal médico, mientras que afuera, esperaban muchas más ser llamadas para recibir atención.

En uno de los pasillos había un hombre que se quejaba de mucho, mucho dolor, tanto, que caía de rodillas, colocando su cabeza sobre el suelo, porque su dolor no lo podía soportar. Rosita se dio cuenta, dijo Destellito con cara de pena, que los funcionarios paramédicos, enfermeras, y médicos, pasaban por el lado del hombre como si no existiera, a tal extremo, que le pareció que si éste se cruzaba en el pasillo, ellos pasarían por sobre él. Conmovida, Rosita elevó la voz para reprochar la actitud de los funcionarios, solicitando atención para el pobre hombre, sólo en ese momento se acercaron para inquirir que le pasaba.

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Destellito: El lápiz de dos colores

Un Destellito en las manos de Dios.-

Tan en serio se tomó Destellito las instrucciones de Dios Creador, que se propuso viajar todos los días, montado sobre un rayo de sol, a la Tierra, y recorrerla para conocer mejor las actitudes de los hombres; en esa observación descubrió varias situaciones que ameritaban corrección, como ésta:

El lápiz de dos colores.-

Destellito, se dispuso a contar la siguiente historia. Había una vez una sala de clases de una escuela rural, pequeña, de madera pero bien hecha, con un patio inmenso para divertirse en el recreo, era el mismo campo, con un césped muy verde, y varios frondosos árboles, rodeándola. Allí, eran felices los pocos niños, doce en total, unos, jugando a las escondidas, ocasión que aprovechaban para ocultarse entre el follaje, y otros, al fútbol, con el balón que les prestaba el profesor; a las dos únicas niñas, les gustaba vestir y desvestir a sus muñecas, combinando las diminutas prendas que traían ambas para jugar. Llegar a la escuela no era fácil, todos, o mejor dicho casi todos, dijo Destellito, tratando de superar una leve carraspera, vivían lejos, por lo que debían caminar bastante distancia para estudiar, excepto el hijo del profesor, Daniel, que tenía un problema del que no se había dado cuenta, hasta hoy.

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Destellito: El Enojo de Moises

Un Destellito en las manos de Dios.-

Nunca imaginó Destellito que la labor que le había encomendado Dios Creador, le iba a resultar tan atractiva, considerando la necesidad que había en los hombres de vivir en un mundo mejor, sin duda pensaba, y cuando lo hacía su cabeza brillaba con tal intensidad que quién quisiera mirarlo podía quedar encandilado, que sólo el buen comportamiento de estos podría lograrlo. Entonces, se determinó contar la siguiente historia.

El enojo de Moisés.-

Entre sacos de papas, cebollas, cajas de tomates, paltas, zapallos italianos, y frutas diversas, se había ocultado Moisés amurrado con su  padre, dueño de una chacarería, por no haberle permitido comer una gran palta, que la imaginaba sabrosa.

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