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No es tarea, es Placer

NO ES TAREA, ES PLACER

Cuéntase que recorriendo los caminos del país de Gales iba un ateo, el señor Hone; iba a pie y al caer la tarde sintióse cansado y sediento. Se detuvo a la puerta de una choza donde una niña estaba sentada leyendo un libro. Le pidió el viajero agua; la niña le contestó que si gustaba pasar su madre le daría también un vaso de leche. Entró el señor Hone en aquel humilde hogar donde descansó un rato y satisfizo su sed. Al salir vio que la niña había reasumido la lectura, y le preguntó:

— ¿Estás preparando tu tarea pequeña?

— No señor — contestó la niña—, estoy leyendo la Biblia. —

— Bueno ¿te impusieron de tarea que leyeras unos capítulos?

— Señor, para mí no es tarea leer la Biblia, es un placer.

Esta breve conversación tuvo tal efecto en el ánimo del señor Hone, que se propuso leer él también la Biblia, convirtiéndose en uno de los más ardientes defensores de las sublimes verdades que ella enseña.

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Cinco panes y dos pescados

Cinco panes y dos pescados

“«Aquí hay un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos pescados. ¿Pero de qué sirven ante esta enorme multitud?».” Juan 6: 9 (Nueva Traducción Viviente)

La incredulidad roba bendiciones, la fe se posesiona de ellas. Los milagros de multiplicación son reales, se creen y luego se reciben. Una palabra de Dios es suficiente para multiplicar todo aquello en tu haber, llámese salud, tiempo, esfuerzo, bienes o dinero. Porque Dios es suficiente y va delante en el camino para allanarlo a aquellos que van en Su nombre.

En este capitulo Felipe, resaltó lo improbable que sería reunir dinero para alimentar a toda la multitud que eran cinco mil contando solo a los varones (Juan 6:7). Él atinadamente en su razonamiento le puso un número a la multitud y éste le dio como resultado que ni aun trabajando meses enteros se podría alimentar a los que estaban hambrientos de Jesús. Luego Andrés recalcó atinadamente con la razón que aunque usaran los cinco panes y dos pescados de un muchachito sería imposible alimentar a la multitud. Así que lo más razonable considerando que la gente estaba cansada de seguir a Jesús era mandarlos a las aldeas cercanas y a sus casas para que consiguieran qué comer. Pero…………………………

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Destellito: Como pez fuera del agua

Un Destellito en las manos de Dios.-

Nunca imaginó Destellito, que habría de convertirse en un buen ayudador de Dios Creador. Hasta aquí nunca ha extrañado al sol, desde donde fue tomado, siendo un rayo pequeñito, para ayudar a los hombres a hacer de la Tierra un mejor lugar para vivir; una de las cualidades que Dios Creador le dio es ser un muy buen observador de las conductas y costumbres de la gente, ello le permite dar muy buenos consejos siempre utilizando como fundamento la Biblia, la Palabra de Dios.

Como pez fuera del agua.-

En su recorrido por la faz de la Tierra, Destellito sintió curiosidad por un grupo de personas, seis en total, que se encontraban de pie al borde de un malecón, cada uno lanzaba con frecuencia la caña de pescar con la esperanza de capturar algún pez, unos lo lograban y otros no, sin embargo, Destellito reparó el gesto que hacían los peces cuando eran sacados del agua. Sintió mucha pena ver la desesperación con que trataban de tomar oxígeno, que solo lo podían obtener del mar, tratando de sobrevivir. Ya no estaban en su elemento natural, más tarde morirían.

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Ilustración – La Carreta Vacía

La Carreta vacía

la-carreta-vaciaCaminaban el padre con su pequeño hijo por un camino de campo. A lo lejos se podía percibir el ruido de una carreta que venía hacia ellos.

-¿Escuchas eso? preguntó el padre.

-Sí, pá… ¿Qué es?

-Una carreta, hijo. Y viene vacía.

-Pero… ¿Cómo sabes que viene vacía, desde tan lejos? Preguntó intrigado el niño.

-Porque hace mucho ruido, hijo. Más ruido hace cuanto más vacía está.

Así somos los seres humanos, muchas veces. Buscamos la gloria propia, brillar, destacar, que el mundo admire nuestras obras. Llamamos la atención, buscamos la manera de sobresalir, de “hacer ruido” para que nos vean, sin darnos cuenta de que cuanto más “ruido” hacemos es porque tanto más vacío se siente nuestro pobre corazón.

Es importante que hoy mismo llenes esa carreta que es tu vida. Una carreta no se puede llenar a sí misma. Esa tarea la realiza el obrero. Por ello, es necesario que pongas la carreta de tu vida en las manos de Nuestro Señor, para que El la llene con la plenitud de su Gloria y la conduzca por camino seguro.

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Ilustración Cristiana – El “Monito”

El “monito”

el-monitoNadie recuerda con certeza de dónde vino, ni mucho menos el momento exacto en que el “monito” comenzó a ser parte de la vida de nuestra hija, y por lo tanto de nuestra familia. El “monito” es nada más ni nada menos que un pequeño peluche que tampoco se sabe a ciencia cierta qué clase de bicho es. Puede ser un leoncito, un osito, un ratoncito… ni ella lo sabe. Por cierto: tampoco es justamente el más bonito de los más de cincuenta peluches que hoy, a pesar de sus 17 años de edad, aún conserva desde su niñez.

Lo que sí sabemos con certeza, es que el “monito” apareció un día en casa entre sus cosas, después de una prolongada internación hospitalaria durante los primeros años de su vida. Fue un período de intenso dolor, incertidumbre, oscuridad y sufrimiento. Tal vez alguna voluntaria, doctor, enfermera o compañerita de habitación, se lo dio en uno de esos momentos más tristes y dolorosos de su vida. Tal vez alguien lo depositó tiernamente junto a su cabecita y ahí estaba haciéndole compañía cuando salió del estado de coma o despertó de alguna de las varias intervenciones quirúrgicas que tuvo que afrontar para salvar su vida. La verdad, no lo sabemos y ella tampoco lo recuerda, pero damos las Gracias a Dios por esa bella actitud que alguien tuvo con nuestra hijita.

Como ni ella misma sabe qué es, le puso “Monito” y así quedó. Hoy, tal vez el más feo de sus peluches, aún continúa ocupando un sitio muy especial en su corazón. Y nosotros, como padres, hemos conservado en todo momento una respetuosa actitud con su sentir. A ella no le importó lo que era ni su apariencia. Lo amó intensa e incondicionalmente, le puso un nombre, en sus fantasías de niña lo trajo a la vida y con sus afectos lo hizo parte de la suya. Lo amó y aún hoy lo sigue amando, más que a ningún otro, por cierto.

Esta relación afectiva con ese peluche insignificante a los ojos del mundo, pero tan valioso para ella, me enseñó algo acerca de mi Señor y su relación conmigo.

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