La Fotografía

La fotografía

Este fin de semana estuvo marcado por los recuerdos. Entre anécdotas de pequeña, travesuras que hacíamos con mi hermana e historias que mi madre me narraba, me encontré con una foto que mi hermana me mostró. En esta foto estábamos ambas sentadas en un sillón, yo debo haber tenido seis o siete años y mi hermana diez u once, recuerdo que estábamos celebrando mi cumpleaños y que ese mismo día habían sucedido varias cosas no muy alegres, de hecho, nuestras caras de tristeza en la foto eran letales para ser tan pequeñas.

Además del desastroso look de ambas y de todas las cosas que recordamos de ese día, hay algo en esa foto que llamó poderosamente mi atención. A la derecha mía está mi hermana, y en medio de ese momento para nada feliz- dado que el día había sido difícil- veo una escena que me impacta. Ahí estoy yo, toda enana y despeinada y sobre la pierna de mi hermana está mi mano en actitud de “todo va a estar bien”. En cuanto vi la foto recordé ese día, vi nuestros rostros y me di cuenta que mi recuerdo se quedaba corto al lado de lo que realmente debe haber ocurrido ese día, pero allí, con 6 ó 7 años de edad intentaba transmitirle a mi hermana que todo iba a pasar, que nada de lo que vivíamos iba a durar para siempre.

En miles de ocasiones he sentido esa misma mano apoyándose en mi espalda, abrazándome como lo hace mi hermana en la fotografía, diciéndome que todo va a estar bien, que la pena y la rabia pasarán y que todo será para mejor. Esa mano en mi espalda es la mano de Dios, quien alienta y anima cada paso que doy. Pienso en que si yo a los seis años me creía capaz de alentar a alguien, cuánto más será capaz de hacer Dios por mí, por ti, por nosotros.

Cada vez que atravesamos momentos duros, de temor y desconcierto, en donde no vemos ninguna salida, está la mano de Dios apoyada en nuestra espalda, animándonos, alentándonos, “aleonándonos” para que podamos cumplir con la tarea. Este Dios del que te hablo es extraordinario, porque no contento con haberlo hecho TODO en la cruz por ti y por mí, no le parece suficiente y quiere seguir agregándole bendiciones a tu vida. Cristo es nuestro “recurso renovable”, NUNCA se va a acabar, por mucho que lo “explotes”. Esa mano, ese abrazo, esa palmada en la espalda es su aceptación incondicional y su compromiso eterno de estar allí para ti, frente a cualquier circunstancia y bajo cualquier condición.

Nuestro Dios es como esa niña de seis años de la foto, salvo que lo que Él hace realmente es efectivo, realmente te apoya y realmente es capaz de trasformar las circunstancias a tu favor. Si aún no has vivido esto que te describo y quisieras hacerlo, invítalo a entrar a tu vida y mantenerlo todo bajo control. Cuando Él está a cargo hay éxito y triunfo asegurado, es el mejor negocio que puedes hacer.

Autora: Poly Toro

Escrito para www.destellodesugloria.org

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