Una de las historias más conocidas de la Biblia es la referente a Moisés, aquel israelita nacido en Egipto que al nacer fue salvado por su madre y hermana quienes evitaron que fuera asesinado como muchos niños de su edad. Aquel niño encontrado en una canasta que flotaba en el rio y adoptado por la hija de Faraón.
Ahora Moisés vive en el palacio egipcio sin embargo su sangre y descendencia clama por él. Siendo de aproximadamente cuarenta años vio como unos egipcios maltrataban a unos israelitas y fue tanta su furia que mientras defendía al israelita mato al soldado egipcio por lo que tuvo que huir para no ser acusado de asesinato y ser ejecutado en Egipto. “Oyendo Faraón acerca de este hecho, procuró matar a Moisés; pero Moisés huyó de delante de Faraón, y habitó en la tierra de Madián.” Éxodo 2:15 (Reina-Valera 1960).
Ahora un Moisés que había crecido en un palacio y había sido tratado como un príncipe se encuentra en una cruda realidad: El desierto. Allí encuentra a la que iba ser su familia, se casa con Séfora hija de Jetro, quien le da un hijo a quien llama Gerson.
La vida del hombre está llena de acontecimientos, unos felices y otros dramáticos. Las guerras, por ejemplo, provocan destrucción y muerte; y son los inocentes los que se ven afectados en mayor grado, dijo Destellito. Sin embargo, es posible extraer aprendizaje de desgracias como la guerra que vienen a ser de utilidad para los hijos y las hijas de Dios Creador.
Jesús presente en la guerra
El Duque de Wellintong, en medio de una batalla, se encontraba a la cabeza de su ejército, dirigiéndolo las acciones que se llevaban a cabo. En el desarrollo de los acontecimientos, se percató que sus hombres estaban debilitándose peligrosamente, cediendo posición ante el enemigo. El Duque, abandonó su lugar y se involucró en la lucha peleando junto a la tropa. Al verlo, uno de los soldados gritó con alegría a viva voz: “El Duque está con nosotros, Dios lo bendiga”, sus compañeros dirigieron su atención hacia donde estaba el Duque luchando, y se reanimaron de tal manera que salieron victoriosos.
Nadie dijo que hacer la voluntad de Dios es fácil, sin embargo su voluntad es la que debemos llevar a cabo.
A veces nos encontramos en un momento en donde debemos elegir entre hacer lo que nosotros creemos que tenemos que hacer o hacer lo que Dios quiere que hagamos. Obviamente cada una de las decisiones que tomemos darán como resultados cosas buenas o malas dependiendo la voluntad que elijamos. Sin elegimos hacer nuestra voluntad antes que la de Dios lo más seguro es que nos ira mal, sin embargo si elegimos hacer la voluntad de Dios antes que la nuestra debemos tener la seguridad que nos ira bien.
El salmista David comprendió lo que significaba hacer la voluntad de Dios por esa razón escribió estas palabras en el siguiente salmo:
INTRODUCCIÓN: a través de este pasaje bíblico, tomando aquí como ejemplo a Pablo y Silas estando en la cárcel de Filipos y de la manera más sencilla pero clara estudiaremos el ¡PODER EN ACCIÓN! que tiene la ¡ALABANZA! cuando la entonamos directamente a Dios; independientemente de las circunstancias negativas, adversas y desfavorables en la que muchas veces nos encontramos. De hecho aún el ¡PODER DE LA ALABANZA! se da en medio de situaciones difíciles así como lo analizaremos a continuación. Veamos.
1. LA SITUACIÓN DE PABLO Y SILAS
Fueron aprendidos: les echaron manos (vr. 19a)
Fueron traídos al foro: las autoridades en la plaza (vr. 19b)
Fueron presentados a los magistrados: los jueces (vr. 20a) Leer más
Pablo dijo a los romanos: “…ustedes no viven según la naturaleza pecaminosa, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios vive en ustedes”. Si no puedes recordar la última vez que innegablemente viste obrar al Señor en ti, es porque tienes conocimiento de Él pero no tienes una relación con Él. Cuando tienes al Espíritu Santo en tu corazón, tu vida entera refleja Su fruto: benignidad, fe, templanza, amor, mansedumbre, dominio propio, control de la lengua… ¿Vive Su Espíritu en ti?