{"id":626,"date":"2008-08-24T07:08:02","date_gmt":"2008-08-24T13:08:02","guid":{"rendered":"http:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/?p=626"},"modified":"2008-09-30T17:44:18","modified_gmt":"2008-09-30T23:44:18","slug":"el-fuerte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/2008\/08\/el-fuerte\/","title":{"rendered":"El Fuerte"},"content":{"rendered":"<h2><strong>El fuerte<\/strong><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/el-fuerte.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-medium wp-image-627\" style=\"border: 1px solid black;\" title=\"el-fuerte\" src=\"https:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/el-fuerte-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"154\" height=\"115\" srcset=\"https:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/el-fuerte-300x225.jpg 300w, https:\/\/destellodesugloria.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/08\/el-fuerte.jpg 450w\" sizes=\"auto, (max-width: 154px) 100vw, 154px\" \/><\/a>En la vieja Argentina de los setenta la gran mayor\u00eda pertenec\u00edamos a la clase obrera. Los m\u00e1s afortunados pod\u00edan irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los m\u00e1s pobres nos conform\u00e1bamos con quedarnos en casa. Lo que jam\u00e1s se me hubiese cruzado por la cabeza, es que aquel verano del 77 un peque\u00f1o incidente me iba a cambiar la vida para siempre.<br \/>\nEra el primer d\u00eda de regreso a clases, a principios de Marzo. Y la maestra insisti\u00f3 con el mismo m\u00e9todo pedag\u00f3gico que ven\u00eda usando desde el primer grado: preguntarle a cada alumno a d\u00f3nde hab\u00edan pasado sus vacaciones. Uno a uno iban levantando la mano y diciendo en voz alta los lugares que hab\u00edan visitado. Y la inmensa mayor\u00eda ten\u00eda una historia que contar. Las monta\u00f1as. El mar. La carpa junto al r\u00edo. La nieve en alg\u00fan lugar remoto.<br \/>\nFue entonces que me cans\u00e9 de ser pobre, supongo. O de no haber podido ir a ninguna parte, casi nunca.<br \/>\n-Yo no fui a ning\u00fan lado, porque no quise -confes\u00e9 con la mano alzada.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo que no quisiste? -replic\u00f3 la maestra.<br \/>\n-Si, porque mi pap\u00e1 me dijo que pod\u00eda elegir: o \u00edbamos a alg\u00fan lugar de vacaciones o me constru\u00eda un fuerte.<br \/>\n-\u00bfUn fuerte? \u00bfC\u00f3mo que un fuerte? -contest\u00f3.<br \/>\nA esta altura me hab\u00eda ganado la atenci\u00f3n de toda la clase. Fue la primera vez que sent\u00eda que yo era por fin, importante para los dem\u00e1s, y dejaba de ser el alumno invisible de siempre.<br \/>\nObviamente, lo del fuerte era mentira, pero por alguna raz\u00f3n sent\u00eda que se me hab\u00eda ocurrido una buena idea para no ser menos que los dem\u00e1s. Era justo que por<br \/>\nesta vez, me tocara a m\u00ed ser el centro de las miradas y los comentarios.<br \/>\n-Un fuerte de verdad -agregu\u00e9- un fuerte como tienen los soldados en las pel\u00edculas, con troncos alrededor, con un mangrullo para ver los indios de lejos, con armas, con una bandera&#8230;me lo hizo mi pap\u00e1 al fondo de mi casa porque el es carpintero.<br \/>\n-Qu\u00e9 bueno. Con semejante regalo es l\u00f3gico que no hayas querido irte de vacaciones- finaliz\u00f3 la maestra.<br \/>\nEn el recreo me rodearon casi todos los compa\u00f1eros pidi\u00e9ndome detalles. Y como ya no me sent\u00eda avergonzado de no haberme ido de vacaciones, no escatim\u00e9 en agregarle lo que se me ocurr\u00eda a la virtual construcci\u00f3n del fondo de mi casa. Dije que era inmenso, tama\u00f1o real. Que tranquilamente pod\u00eda albergar a toda la clase, que seguramente alg\u00fan parque de diversiones iba a querer comprarlo, alg\u00fan d\u00eda. Todos los alumnos me miraban asombrados. Que tipo con suerte. Tener un pap\u00e1 que te construya un fuerte para uno solo. Esas eran verdaderas vacaciones, si se\u00f1or.<br \/>\nPero alguien decidi\u00f3 arruinarme el d\u00eda.<br \/>\n-Si es verdad, queremos ir a verlo -dijo un \u00abmal compa\u00f1ero\u00bb que se llamaba Marcelo Negri.<br \/>\n-\u00bfH&#8230;oy? -tartamude\u00e9- hoy no se va a poder, porque mi mam\u00e1 est\u00e1 muy enferma (a esta altura, una mentira mas era una manchita m\u00e1s al tigre).<br \/>\n-Entonces ma\u00f1ana, \u00bfo te inventaste todo eso del fuerte? -dijo.<br \/>\n-\u00bfC\u00f3mo me lo voy a inventar? Si les digo que tengo un fuerte, es porque es verdad- respond\u00ed enojado, mientras me daba cuenta que me acababa de meter en un grave problema.<br \/>\nEse d\u00eda volv\u00ed a casa devastado. Mi propia boca me hab\u00eda puesto entre la espada y la pared. Pensaba que todo iba a terminar en la clase y jam\u00e1s me imagin\u00e9 que alguien se iba a empecinar en querer ver mi fuerte. No pod\u00eda decir que lo hab\u00edamos desarmado porque no era l\u00f3gico, ni mucho menos confesar la verdad, porque iba a transformarme en un muerto pol\u00edtico para todo el colegio. Y esa fue la peor noche que recuerdo de toda mi ni\u00f1ez.<br \/>\nCerca de la una de la madrugada, no aguant\u00e9 m\u00e1s y me aparec\u00ed en la habitaci\u00f3n de mis padres, llorando. Les confes\u00e9 que me hab\u00eda sentido mal por no haber ido a ning\u00fan lugar de vacaciones y que me invent\u00e9 lo del fuerte. Y lo peor es que Marcelo quer\u00eda venir a verlo ma\u00f1ana, despu\u00e9s de clases.<br \/>\nObviamente, ni vale la pena que transcriba lo que me dijeron y las caras de asombro. Mi madre me mir\u00f3 con cierta l\u00e1stima y me dijo que iba a tener que confesarles la verdad a todos y pedirles perd\u00f3n por semejante mentira.<br \/>\nVolv\u00ed a la cama m\u00e1s destrozado a\u00fan e intent\u00e9 dormirme.<br \/>\nA los quince minutos, sent\u00ed a mi pap\u00e1 que me tocaba el hombro.<br \/>\n-Dante, lev\u00e1ntate. Y abr\u00edgate que hace fr\u00edo.<br \/>\n-\u00bfA d\u00f3nde vamos?<br \/>\n-A construir ese fuerte- dijo, y se dio media vuelta.<br \/>\nY esa noche, casi sin hablarnos y bajo el roc\u00edo de la madrugada, ayud\u00e9 a mi pap\u00e1 a construir un fuerte&#8230;o algo parecido. Una vieja cucha del perro hizo de cuartel, unas viejas lonas sirvieron como techo. Algunas ramas de limonero hac\u00edan a su vez, de troncos. Y de mangrullo, pusimos una escalera que me ocup\u00e9 personalmente de tapar con hojas de higuera. Cuando terminamos, casi dos horas despu\u00e9s, mi pap\u00e1, (que por cierto siempre fue un hombre de pocas palabras) me dijo:<br \/>\n-Ahora puedes traer a quien quieras, pero cuando se vayan, t\u00fa y yo vamos a hablar, largo y tendido.<br \/>\nEl resto de la historia es predecible. Aunque mi amigo comprob\u00f3 que hab\u00eda exagerado un poco, no pudo negar que lo que yo hab\u00eda dicho era la pura verdad. Y esa tarde, hasta jugamos un rato a los soldados e indios.<br \/>\nPero a la noche, tuve una charla que no pude olvidar, a\u00fan con el paso de los a\u00f1os.<br \/>\n-Lo que hiciste estuvo muy mal- dijo mi pap\u00e1- y por eso, vas a tener penitencia. Esta vez te salv\u00e9 porque soy tu padre y no quer\u00eda que pasaras verg\u00fcenza. Pero en la vida, tienes que andar con la verdad, siempre, aunque sea fea o no te guste. La verdad es lo \u00fanico que te va a ser una persona de bien.<br \/>\nLe ped\u00ed perd\u00f3n y le agradec\u00ed por salvarme el pellejo. Pero principalmente por ayudarme a comprender el amor de Dios.<br \/>\nHoy ya soy un hombre. Y muchas veces, vuelvo a meter la pata. Me equivoco, callo cuando deb\u00eda hablar o hablo cuando deb\u00eda haberme callado. Y entonces es cuando voy a la presencia del Se\u00f1or y le digo que estoy consciente que me equivoqu\u00e9, pero que por favor&#8230;me construya el fuerte. Le digo que si alguna vez mi pap\u00e1 lo hizo, El tambi\u00e9n puede ayudarme a salir del embrollo. Y en m\u00e1s de una madrugada, siento que el Padre me toca el hombro y me dice que de alg\u00fan modo lo vamos a arreglar. Y me construye el fuerte. Aunque me haya equivocado, no me deja avergonzar. Paga mis deudas, me saca del l\u00edo, saca la cara por m\u00ed.<br \/>\nClaro que despu\u00e9s tenemos que charlar \u00ablargo y tendido\u00bb, pero El siempre me ayuda a arreglar esos errores que me devastan el alma.<br \/>\nSi a lo mejor te equivocaste feo, o volviste a caer en eso que prometiste no volver, o si te alejaste de El e hiciste cosas que te da verg\u00fcenza solo de contarlas. Yo se que es b\u00edblico el tener que asumir las consecuencias, pero tambi\u00e9n se que infinidad de veces, El puede transformar tus errores en algo bueno. El es capaz de tapar el error. De protegerte de la verg\u00fcenza. De tenerte una soluci\u00f3n antes que amanezca.<br \/>\nNo te lo olvides nunca.<br \/>\nEl es un gran constructor de fuertes.\n<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Autor:<\/strong> <a href=\"https:\/\/www.dantegebel.com\">Dante Gebel<\/a><\/p>\n<iframe src=\"https:\/\/www.facebook.com\/plugins\/like.php?href=https%3A%2F%2Fdestellodesugloria.org%2Fblog%2F2008%2F08%2Fel-fuerte%2F&amp;layout=standard&amp;show_faces=true&amp;width=450&amp;action=like&amp;colorscheme=light&amp;height=80\" scrolling=\"no\" frameborder=\"0\" style=\"border:none; overflow:hidden; width:450px; height:80px;\" allowTransparency=\"true\"><\/iframe>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El fuerte En la vieja Argentina de los setenta la gran mayor\u00eda pertenec\u00edamos a la clase obrera. Los m\u00e1s afortunados pod\u00edan irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los m\u00e1s pobres nos conform\u00e1bamos con quedarnos en casa. 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