Temas y Devocionales Cristianos

Fracasos Exitosos

FRACASOS EXITOSOS

¿Algunas veces te sentís fracasado? ¿No sabes cómo sacarte esa sensación de derrota? A todos nos ha pasado alguna vez; todo lo que decidimos parece estar mal, no tenemos un solo resultado positivo. Y cuando algo nos sale bien, la felicidad dura poco porque volvemos a tener derrotas. Entonces decidimos pasar por el mundo a hurtadillas, temerosos de que alguien pueda reprocharnos esa osadía de existir en vano, como contrabandistas de la vida. Las existencias vegetativas no tienen biografía; porque entendemos que la vida vale por el uso que de ella hacemos, por las obras que realizamos.  Es ahí donde debemos parar un instante y recordar el propósito para el que fuimos creados y puestos en este mundo.

Hay una historia en la biblia, y es la de Sansón:

Pero el ángel de YHVH se apareció a aquella mujer y le dijo: He aquí eres estéril y no has tenido descendencia, pero concebirás y darás a luz un hijo. Ahora pues, no bebas vino ni licor fuerte, ni comas cosa inmunda, porque concebirás y darás a luz un hijo. No pasará navaja sobre su cabello, porque ese niño será nazareo de Dios desde el vientre, y él comenzará a librar a Israel de mano de los filisteos. Jueces 13:3-5 (BTX)

Sansón tenía que ser un nazareo. Nazareo era la persona que mediante un voto se apartaba para el servicio a Dios. Los padres de Sansón hicieron el voto por él. A veces, el nazareato era temporal, pero en el caso de Sansón era para toda la vida. Como nazareo, Sansón no podía cortarse el pelo, tocar ningún cadáver ni beber nada que tuviera alcohol.

Aunque Sansón a menudo usó un juicio deficiente y pecó terriblemente, logró mucho cuando determinó consagrarse a Dios. En este sentido era como la nación de Israel. Mientras los israelitas se mantenían separados para Dios, la nación prosperaba. Sin embargo, cayeron en un terrible pecado cuando se olvidaron de Él.

Es triste que nos recuerden por lo que pudimos ser. Sansón tuvo un tremendo potencial. Son pocos los que han comenzado la vida con credenciales como las suyas. Nacido como resultado del plan de Dios en las vidas de Manoa y de su esposa, Sansón iba a hacer un gran trabajo para Dios. Se esperaba que comenzara “a salvar a Israel de mano de los filisteos”. Para ayudarlo a cumplir el plan de Dios, se le dotó de una enorme fuerza física.

Debido a que Sansón gastó su fuerza en bromas y para salir de apuros y porque a la larga lo entregó todo para satisfacer a la mujer que amaba, tenemos la tendencia de verlo como un fracaso. Lo recordamos como el juez de Israel que pasó sus últimos días moliendo grano en una prisión enemiga y decimos: “¡Cuánto potencial se desperdició!”

Sí, Sansón desperdició su vida. Pudo haber fortalecido su nación. Pudo haber logrado que su pueblo volviera a adorar a Dios. Pudo haber aniquilado a los filisteos. Pero aunque no hizo ninguna de esas cosas, Sansón sí cumplió el propósito que el ángel anunció al visitar a sus padres antes de su nacimiento. En su acto final, Sansón comenzó a rescatar a Israel de los filisteos.

Es interesante que en el Nuevo Testamento no se mencionen los fracasos de Sansón ni sus heroicas proezas de fuerza. En Hebreos, simplemente lo nombran con otros que “por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas” y de otras maneras se le otorgó ayuda sobrenatural. Al final, Sansón reconoció su dependencia de Dios. Cuando murió, Dios convirtió sus fracasos y derrotas en victoria.

No ha vivido más el que cuenta más años, sino el que ha sentido mejor un ideal; las canas denuncian la vejez, pero no dicen cuánta juventud la precedió. Vivir es aprender, para ignorar menos; es un esfuerzo por mejorarse. Sansón denota ser un hombre de fino carácter capaz de demostrar encrespamientos  sublimes, cómo el océano; no tiene un temperamento domesticado de quieta superficie. Aunque se equivocó bastante; fuerte por fuera pero con falta de robustez moral por dentro que lo hizo ceder a la más leve presión; sin embargo, era dueño de un carácter que lo llevaba a arrepentirse ante Dios y su propósito.

A la esposa de Manoa se le dijo que su hijo comenzará la liberación de Israel de la opresión filistea. No fue sino hasta los días de David que la oposición filistea se aplastó por completo (2 Samuel 8.1). La parte que tuvo Sansón al someter a los filisteos fue solo el comienzo, no por eso menos importante. Era la tarea que Dios le encargó que hiciera.

Todos soñamos y hacemos planes para el futuro. Trabajamos arduamente para ver que esos sueños y planes se vuelvan realidad. Pero para hacer lo mejor de esta vida, debemos incluir los planes de Dios en los nuestros. Solo Él sabe lo mejor para nosotros. Solo Dios puede cumplir su propósito en nosotros. Cuando hagas planes y sueñes, habla con Dios acerca de ellos.

La historia de Sansón nos enseña que nunca es demasiado tarde para empezar otra vez. Por mucho que hayamos fracasado en el pasado, hoy no es demasiado tarde para poner toda nuestra confianza en Dios. A pesar del pasado de Sansón, Dios escuchó y contestó su oración destruyendo el templo pagano y a sus adoradores. Dios todavía lo amaba. Estaba dispuesto a escuchar la oración de confesión y de arrepentimiento de Sansón y a utilizarlo en este momento final. Uno de los efectos del pecado en nuestra vida es quitarnos el deseo de orar. Pero un comportamiento moral perfecto no es un requisito para orar. No permitas que los sentimientos de culpabilidad a causa del pecado te aparten de tu único medio de restauración. No importa cuánto tiempo hayas estado lejos de Dios, Él está listo para escucharte y restaurar la relación. Todas las situaciones de la vida pueden salvarse si estás dispuesto a volverte otra vez a Él. Si Dios pudo seguir trabajando en la situación de Sansón, sin duda puede hacer algo valioso en la tuya.

Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre;

No desampares la obra de tus manos. Salmo 138:8  (RV60).

Autor: Gustavo J. Iriart

Escrito para www.destellodesugloria.org