Honestidad liberadora

Honestidad liberadora

honestidadHace varios años conocí a alguien con quien no tenía una relación estrecha ni mucho menos cercana, uno que otro “hola” y “chao” y un sincero abrazo de hermandad era lo único que compartíamos de vez en cuando. Había escuchado muchas cosas de ella, no sabía si eran del todo realidad ni tampoco me interesaba en ese entonces aclararlo, hasta que llegó el día.

Como Dios opera de formas que no nos podemos explicar, ni desaprovecha las oportunidades para hacer las cosas nuevas, ambas tuvimos que sentarnos a conversar. Ella vivía una situación similar a la que viví yo hace ya seis años y que, en ese entonces, me marcó e hizo mucho daño, requiriendo de un trabajo restaurador profundo e intenso de parte de Dios. En la misma oficina donde yo había llorado desconsoladamente por esta situación se encontraba ella y yo, mostrando ella sus heridas y yo mis cicatrices, entendiendo su dolor, su temor y sus ganas de salir adelante. Jamás imaginé que mi propio dolor sería la puerta de entrada para nuevas bendiciones aún seis años después.

Sentada en ese lugar, escuchando lo que ella me decía, se desató algo que es superior a nuestro entendimiento humano, es algo que sólo Cristo puede hacer. Mirándonos la una a la otra pudimos conversar sin tabúes y decirnos esto que alguien nos había dicho y había hecho que no nos acercáramos la una a la otra. Confirmamos que nada era cierto, que lo que a ella le habían dicho de mí no era así, y que lo que a mí me habían dicho de ella tampoco lo era. Pudimos decirnos que no nos agradábamos y darnos cuenta que era porque teníamos información falsa que nos había prejuiciado sin darnos el ánimo de querer conocernos más. Descubrimos que teníamos una herida en común, yo pude darle gracias a Dios por hacerme libre y sana al fin, y ella pudo confirmar que Dios haría lo mismo con ella y aún más. Esa brutal honestidad nos dio una libertad inmensa.

Si hay algo que me molesta son las murmuraciones, la Palabra de Dios es clara y dice que si tenemos algo en contra de nuestro hermano vayamos y se lo digamos. Fin. Así de claro y así de preciso.  Bueno, así ocurrió en esta conversación que les relato, ambas pudimos expresarnos y darnos cuenta que las razones por las cuales no nos relacionábamos no eran ni siquiera ciertas. Estamos profundamente agradecidas de Dios por conectarnos en medio de esta circunstancia y más aún, porque al fin somos libres de empezar a construir una relación fraternal y de ayuda mutua, que es a lo que nos llama Jesús.

Es cierto, de todo lo malo Dios saca lo mejor, y una de las mejores cosas de esta experiencia personal que algún día fue letalmente dolorosa es que hoy no lo es y puedo transmitir esperanza de vida a quien está atravesando este mismo camino, puedo iluminar su túnel y acompañarla como un día lo hicieron conmigo, pero también puedo confirmar el poder liberador de la honestidad.

Si hoy estás en discordia con alguien, o simplemente “te cae mal”, como decimos en mi país, no te sientes a conversarlo con terceras personas, ve y díselo, evita las murmuraciones que en nada edifican y aprende a desarrollar esta honestidad que liberta, puedes ganar hasta a un nuevo amigo o amiga, o puedes aprovechar la oportunidad de actuar como Jesús lo haría. Sea por la razón que sea que lo quieras hacer ¡Hazlo! ¡Es liberador!

Autora: Poly Toro

Escrito para www.destellodesugloria.org

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