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¡Claro que puedes!

¡Claro que puedes!

Todos hemos querido en alguna ocasión darnos por vencidos, hablo de esos momentos en donde pareciera que es mas fácil rendirnos en lugar de seguir luchando con algo que no esta bajo nuestro control y que por mas que insistamos no vemos una respuesta.

A veces pareciera que se nos olvida rápidamente lo que Dios sí ha hecho en nuestra vida y permitimos que de un momento a otro un sentimiento de derrota inunde nuestro ser provocando que nuestros pensamientos se llenen de puras frases y palabras que lejos de alentarnos nos terminan de desanimar aun más.

Estar parado allí, en ese momento, donde las fuerzas parecieran que se acabaron, en donde por alguna razón queremos rendirnos y no seguir luchando, es uno de los momentos mas duros que experimentamos.

Pero a pesar de todo esto, hay algo que me llama la atención, y es que siempre que un sentimiento de derrota inunda nuestra vida y los deseos de rendirnos aparecen, Dios se la ingenia y de alguna manera hace que recobremos esa fuerza que hace momentos creíamos no tener.

Personalmente recuerdo muchos momentos en donde sentía que ya no podía más, en donde parecía que era mas fácil darme por vencido que seguir luchando, en donde las fuerzas se me habían acabado y en donde me encontraba solo con el Señor, a punto de colgar mis guantes, de decirle que ya no podía, ni quería más seguir luchando.

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Tú no eres como los demás

Tú no eres como los demás

Si bien es cierto que todos somos creación de Dios, también lo es que no cualquiera puede considerarse su hijos, a pesar de que todos tenemos un valor especial para Él y que nos ama a todos por igual, el ser hijo de Dios da un lugar especial, pues se goza de los bendiciones que por gracia tiene a bien entregar a cada uno de los que le aman, tal como lo dice Juan 1:12

“Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios. Éstos no nacen de la sangre, ni por deseos naturales, ni por voluntad humana, sino que nacen de Dios“(NVI)

Tal vez puedes recordar aquel momento en el que viniste a conocer a Dios, esa fecha  especial en que reconociste a Jesús como único salvador, creíste, lo recibiste en tu corazón y te convertiste en su hijo, desde ese instante tu vida fue diferente, pues ser un hijo de Dios hace que veamos la vida diferente.

A pesar de que las vivencias que pasamos son iguales a las de todas las personas debido a nuestra naturaleza humana, nuestras reacciones y resultados no son los mismos, pues gozamos de la ayuda y respaldo de Dios en cada cosa que hacemos.

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Edificando la autoestima

«Edificando la autoestima» 

“Hay hombres cuyas palabras son como golpes de espada; Mas la lengua de los sabios es medicina”, Prov. 12:18

Cierto padre le dijo a su hijo: “No vas a ser nada en la vida”. Cuántas veces hemos escuchado decir estas y otras palabras más a los padres, los esposos, los maestros, jefes, etc. Si a alguien se le dice frecuentemente que nunca va a lograr nada, pronto empezará a creerlo, especialmente si se trata de un niño.

Gran parte de la responsabilidad del fracaso tanto en jóvenes como en adultos se debe al “robo” de su autoestima cuando éstos eran niños. El niño o la persona que no recibe la cantidad normal de elogios y aprecio los va a buscar de maneras equivocadas y hasta dañinas. Un gramo de alabanza puede lograr más que una tonelada de regalos. Por eso, es importante conocer y seguir las siguientes recomendaciones:

1-  Alabe a la persona (niño) por las tareas bien hechas y las buenas acciones hacia los demás, como: generosidad, bondad, honestidad, etc.: debemos felicitar a los demás cuando éstos se esfuercen por hacer las cosas bien, aunque no lo hayan conseguido completamente

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A veces hay que hacer lo que se tiene que hacer

A veces hay que hacer lo que se tiene que hacer.

Claro, si leemos la oración anterior no nos dice mucho, pero démosle una segunda vuelta para ver qué tiene que decirnos. Me ocurre (más seguido de lo que quisiera) que la lista de mis “tengo” es mayor que la lista de mis “quiero” y casi como una niña de 3 años que no le compran lo que quiere, me resisto a hacer muchas de las actividades para los cuales no tengo ni el ánimo, ni las ganas. Espero que quiénes leen no estén pensando que quiero vivir una vida sin ninguna responsabilidad, dejen que profundice un poco más, denme una oportunidad.

Un día de la semana que recién pasó, estaba precisamente en medio de este berrinche infantil cuando llega a mí el siguiente comentario: “Los campeones hacen cosas que detestan para lograr cosas que desean” y desde ahí nace la inspiración de este escrito.

¿Sabes quién se me viene a la mente cuando leo lo anterior? Creo que sí lo sabes. Sí. Es ÉL. Es Jesús. Si hay un campeón en este mundo, ese es Jesús, sin ninguna duda. Jesús fue un campeón desde que nació, le ganó al temor de María y de José, le ganó a la instrucción de que todos los bebés debían morir, le ganó al establo en donde nació, le ganó a Satanás cuando lo tentó en el desierto, le ganó a las tradiciones, le ganó a la religión, le ganó a las calumnias…¡le ganó a la muerte! ¿Y cuál fue su costo? Tú y yo lo sabemos: la muerte. Jesús tuvo que morir para ser un campeón de campeones, él tuvo que hacer algo que no era de su agrado, como morir (y el sudar sangre lo refleja), logar para lo que deseaba: salvar a la humanidad.

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Dios cierra la boca de los leones – Relatos Biblicos

Dios cierra la boca de los leones

El rey Darío nombro a ciento veinte personas que le ayudaran a gobernar, a estos ciento veinte los vigilaban tres jefes superiores entre los que estaba Daniel. Tan bueno era el desempeño de Daniel que el rey lo nombro jefe de todos y hasta llego a pensar en hacerlo jefe de todo el reino.

La Biblia dice: “Los otros sólo esperaban que Daniel hiciera algo malo, o que cometiera algún error, para acusarlo con el rey. Pero no pudieron acusarlo de nada, pues Daniel siempre hacía bien su trabajo” Daniel 6:4 (Traducción en lenguaje actual).

Y es que desde el antiguo tiempo hay personas con envidia y celo de lo que Dios hace en la vida de los que de corazón sincero lo buscan.

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