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Amor de verano

Amor de verano

amor de veranoEn las últimas revistas que han llegado a mis manos y también en la televisión lo que más he visto ha sido consejos para tener un amor de verano: cómo conquistar a alguien durante el verano y una serie de tips que van desde lo más lógico hasta lo más descabellado. Es divertido pensar que hay adolescentes (y no tan adolescentes…) que leen muy atentamente lo que transmiten esos artículos y sueñan con tener una historia de amor de verano para contarle a sus amigas  al regresar de las vacaciones.

Pese a lo gracioso que nos pueda parecer e incluso infantil, no es sólo en la adolescencia cuando se vive esta experiencia, también dentro de nuestras congregaciones ocurre algo similar. Sí, ocurre, no se espanten antes de poder explicarlo mejor.

Al menos en mi país, las vacaciones más largas son las de verano; enero y febrero son meses de relajo para los estudiantes, quienes retoman sus actividades académicas en el mes de marzo. Generalmente se ocupa este tiempo para realizar campamentos de formación cristiana, paseos, retiros espirituales, vigilias, reuniones de oración e intercesión, misiones, etc. El verano podría ser calificado como el periodo de mayor fertilidad en los jóvenes, puesto que dedican varias horas al día en actividades de crecimiento espiritual. Sin embargo, no están ajenos al fenómeno del “amor de verano”, no porque dentro de las actividades en que participen conozcan a alguien del sexo opuesto que les llame la atención, que también ocurre, sino porque logran conectarse con la fuente, logran conectarse de una mejor manera con Cristo; los jóvenes se apartan de muchas otras de sus actividades y entran en una “sintonía” distinta con Dios, con mayor intimidad y pasión… Pero ¿qué pasa en el mes de marzo?

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A Él sí le importa

A Él sí le importa

Hay sensaciones en la vida que creo que la mayoría de los seres humanos compartimos. Una de ellas es la de estar enamorado, otra es la de sentirse herido y entre muchas más, está también el sentir que hacemos algo que finalmente nadie valora.

He escuchado relatos relacionados con esta sensación en más de una ocasión por adultos y adolescentes. Me llama la atención porque comparten una raíz común: el querer hacer algo “bueno” que pareciera ser poco relevante para el resto. Generalmente escucho decir a los adolescentes con quienes me relaciono que nada es suficiente para mantener satisfechos a sus padres y que aunque se esfuercen por “portarse bien” pareciera ser que tampoco es suficiente. El relato de los jóvenes es similar, pero generalmente teñido por lo que su grupo de pares opina.

Ser joven y ser cristiano no es una tarea fácil. Sé que quienes son jóvenes y lean estas líneas van a compartir esta declaración. En una sociedad en donde se promueve el individualismo, el excesivo respeto a la vida personal de tu pareja, en donde se promueve la experimentación sexual como práctica necesaria para tener un matrimonio feliz y un sinfín de “actividades” como éstas, ser jóvenes y mantener los principios que rigen nuestra vida no es simple. Es muy posible que incluso dentro de la misma familia existan momentos en que tampoco sea valorado el ser honesto, querer servir a Dios con todas las fuerzas de la juventud y reservar el sexo para el matrimonio, ya que no ha sido una práctica que se fomente desde el hogar, es más, es probable que si existen hermanos éstos no practiquen estos principios y los padres no se “espantan” ni creen que estos hijos son “malos” o irresponsables, lo que profundiza aún más la sensación de que “ a nadie le importa que sea diferente”, e incluso, el que “a nadie le importaría si no fuese diferente”.

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Siempre se ha tratado de ÉL

Siempre se ha tratado de ÉL

Me entristece mucho cuando converso con jóvenes o adolescentes que están “cargados” y se sienten presionados por seguir los caminos de Dios. Me preocupa lo que estamos haciendo como “adultos” y cuánto nos importa entregar un modelo de Iglesia más que de Cristo. Estoy absolutamente segura que cuando conocemos a Cristo y este se revela a nuestra vida no tenemos más que felicidad y libertad en nuestro corazón, pero cuando después de este importante paso llenamos de cargas y obligaciones a los creyentes difícilmente vayan a sentirse felices o realizados.

Me apena cuando veo jóvenes sobre exigidos y demandados en la iglesia, cuando están agotados después de una larga y pesada jornada universitaria o escolar y se les obliga a inscribirse en un horario de oración y ayuno, o bien, a algún curso que se hace cerca de las nueve de la noche después de haber estado TODO el día lejos de su casa, con hambre y sueño. Me enoja que no es entiendan los procesos ni se respeten los llamados, todos somos distintos (¡Gracias a Dios!) y nos mueven distintas cosas y tareas dentro de la iglesia, entendida como templo o espacio físico. Sin embargo, he observado esta sobre exigencia por años en círculos cristianos y noto como cada vez aumenta el desencanto por comprometerse con un trabajo eclesiástico y priorizar otras actividades. Me pasa muchas veces que siento que existen muchos jóvenes universitarios, por ejemplo,  que son brillantes en sus instituciones académicas, los proyectan y hablan bien de ellos y muchas veces en las iglesias ni sus nombres son conocidos. Y no es que me vaya a quejar todos los párrafos que me faltan por escribir, pero quiero escribir sobre una realidad en la que tú y yo vivimos. Tal vez los jóvenes y adolescentes la experimentan con más fuerza, pero me parece preocupante que el mismo lugar físico que permitió que alguien conozca a Cristo sea ahora el que le muestre un mundo de exigencias y tareas obligadas.

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¡Apasionados, Armados y Locos por Jesús!

¡Apasionados, Armados y Locos por Jesús!

Muchas veces nadie lo entiende, critican, señalan, se burlan, se partan, dicen que es locura, piensan que es fanatismo. Pero no, no es eso, debemos estar seguros y confiados que un día recibiremos nuestra promesa, mucha gente no lo entiende, el mundo no lo comprende, pero ellos deben saber que se llama ¡PASION! Pasión por aquel que nos amo, que nos rescato y que un día nos dimos cuenta que la vida está en Él.

En lo personal siempre me gustan las imágenes con mensajes de Dios, y las comparto en mi Facebook, había un hombre que criticaba todo lo que yo ponía; un día publique sobre una canción que se llama Dios de milagros y el hombre empezó a comentar y burlarse de mi, decía que eran historias tontas de la Biblia, que hablaba de los milagros que “supuestamente” hizo Dios, me recomendó que fuera a un hospital psiquiátrico y me recomendó leer libros que el decía que hablaban la verdad sobre Jesús, sin duda alguna este era un hombre de esos que se aferra mas a la ciencia.

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Hueso de mis huesos

Hueso de mis huesos

“«¡Al fin! —exclamó el hombre—. ¡Esta es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Ella será llamada “mujer” porque fue tomada del hombre».”

Génesis 2:23 (Nueva Traducción Viviente)

Encontrar a la pareja ideal es posible, siendo que éste es el diseño de Dios. El de que el varón esté con su ayuda idónea (Génesis 2:18). Es por ello el anhelo de las personas de estar con alguien y compartir sus vidas. No obstante esa búsqueda de la media naranja puede ser todo menos una bendición. Siendo que las bendiciones de Dios enriquecen y no añaden tristeza con ellas. Las bendiciones de Dios traerán paz y mucho fruto, no caos y fracaso.

Al conocer a mi futura esposa, Arlene, lo entendí. Anteriormente fuera de los caminos del Señor e incluso a veces dentro de ellos, hice muy malas decisiones en la búsqueda de mi otra mitad. El motor de mi búsqueda era solamente no quedarme solo y ambiciones egoístas. No me interesaba en el plan de Dios para la vida que me había dado, y cada vez que tenía una relación sentimental  simplemente no encajaba. Eran piezas de un rompecabezas que no coincidían. Como forzar un ave a dejar de volar, o como sacar un pez del agua y pretender que caminara sobre la tierra.

Pero cuando le conocí a ella comprendí a Adán cuando le fue llevada Eva, él dijo “ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Con Arlene es sencillo sobrellevar primeramente mi relación con el Señor y luego con ella. Siendo temerosa del Señor entiende que mi relación con Él es lo más importante. Con mi Amada la pasión que siento hacia mi Dios y Su pueblo se mantiene encendida, ella jamás trata de alejarme de Dios ni de lo que me apasiona: la Iglesia.  Con ella encuentro muchas razones para alabar a Dios cada día. Por todo esto estoy convencido que solamente ella es hueso de mis huesos. Creada para compartir su vida conmigo, y juntos realizar la obra que desde antes de nacer Dios encomendó a ambos.

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