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Lo que estaría dispuesto a hacer por Dios

Lo que estaría dispuesto a hacer por Dios

Ver la forma de cómo Dios nos ama nos produce un sentimiento único, imaginarnos que no merecíamos perdón y que toda nuestra vida habíamos estado perdidos y haciendo lo contrario a lo que Él quería, pero aun así tener la disposición de buscarnos, perdonarnos y restaurarnos nos hace sentirnos los seres más especiales sobre la faz de la tierra.

Nadie más en la Tierra tiene el privilegio que nosotros tenemos, Dios mismo decidió enviar a su único hijo a morir en nuestro lugar. Una decisión muy difícil, pero a la vez fácil si tomamos en cuenta el amor con el que Dios nos ha amado.

Saber que ese Dios nos ama tanto que lejos de castigarnos nos ofrece su perdón, me hace sentir especial. Saber que mi vida no era nada hasta que Él llego me hace sentir privilegiado. Reflexionar en que todo lo que hoy es de mi vida se lo debo a Él me hace sentir comprometido.

Yo sé que tú también estas contento y feliz por lo que Dios está haciendo en tu vida, por todo el amor que te ha mostrado, por toda la misericordia que te ha tenido, por esa gracia tan maravillosa e inexplicable derramada sobre tu vida. ¿Verdad que Dios es hermoso?

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Dios no se ha cansado de ti

Dios no se ha cansado de ti

Todos tenemos cosas de nuestro carácter o forma de ser que no son de nuestro agrado, a veces hay temporadas en donde eso que tanto nos disgusta de nosotros mismos sale a relucir muy seguido.

A veces tendemos a frustrarnos porque vemos que eso que nos disgusta de nosotros sigue allí, quizá hemos orado mucho para no ser de esa forma o no actuar de esa otra y siempre terminamos tarde o temprano cometiendo los errores que quisiéramos no cometer.

A veces quisiéramos que Dios nos quitara de una vez por todas ese mal hábito o mal costumbre, diéramos lo que fuera muchas veces por ya no ser así, pero la realidad es que tenemos que vivir con eso que nos desagrada de nosotros.

La pregunta de este día es:

¿Qué hacer cuando por más que intento no logro cambiar eso que tanto me desagrada de mí?

Estoy seguro que todos queremos agradar a Dios, estoy seguro que en nuestro corazón hay un anhelo profundo de agradarlo, pero a veces nuestra intención de agradarlo es interrumpida por nuestra acción que dice exactamente lo contrario a lo que nuestra intención quería.

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Regresa al lugar de tus promesas

Regresa al lugar de tus promesas.

En estas últimas semanas estuve en el sur de mi país, en Temuco (9º Región de Chile) y mi visita a esta ciudad fue más que un viaje de vacaciones, también tenía un sentido muy especial para mí.  Era el cierre de algo importante.

Hace cinco años había estado en la misma ciudad en un Congreso que organizaba mi Iglesia, en esa ocasión el escenario era muy distinto a mi escenario actual. Estaba recién ingresando a la Universidad después de haber experimentado lo que para mí era un fracaso académico al haberme retirado de otra carrera que había estudiado durante tres años. Mi decisión de entrar a Psicología había sido reciente y ya estaba matriculada, ese ere mi primer año de estudios y aún no conocía a mis compañeros, profesores, ni las asignaturas que iba a tener. Todo era incierto y yo tenía mucho temor de volver a equivocarme o de que la carrera se me hiciera muy difícil y me demorara más de cinco años en graduarme.

Dios sabía lo que a mí me pasaba, conocía mis miedos e incertidumbres y en una de las reuniones de los días del Congreso, habló tan fuerte a mi vida que nunca lo pude olvidar. Era como si me lo estuviera diciendo al  oído, ahí Él me prometió que estaría conmigo, que nada me iba a faltar, que iba a conocer a gente maravillosa, que no se me iba a ser difícil el estudiar y que Él derramaría gracia sobre mí ante mis profesores y compañeros. Y durante todos mis años de carrera esto fue así, sin ser una de las más brillantes, Dios se encargó de que no reprobara asignaturas y de que obtuviera buenas calificaciones. Finalmente el 24 de enero del 2012 la GRAN promesa se cumplió y me titulé de Psicóloga.

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La Inconformidad

La Inconformidad

A veces somos inconformes con lo que Dios tiene a bien darnos. Y es que la mayoría de nosotros pensamos que por ser hijos de Dios tenemos que tener siempre todo en abundancia, pero leyendo la Biblia y para ser más exactos tomando de modelo la vida de Cristo o de los discípulos, puedo concluir fácilmente que ellos no eran hombre que tuvieran todo en grandes cantidades, de hecho Jesús dijo que no tenía ni donde recostar su cabeza. En otra ocasión cuando Pedro y Juan iban hacia el templo un hombre cojo de nacimiento les pidió limosna a los que estos contestaron: “No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy…”.

A veces nos predican tanto de que tenemos que ser muy bendecidos económicamente que al no serlo nos sentimos frustrados, pero la realidad es que el hecho que tenga o no dinero o bienes no influye en nada en la bendición que Dios puede darme.

Es decir, mi ánimo o mi gozo en el Señor, así como mi fe en Él, no depende de mi nivel económico, ni de lo mucho o poco que pueda tener. Tú y yo no debemos basar nuestra fe, ni mucho menos nuestro ánimo en lo que tenemos o no tenemos, porque sino nuestro ánimo será fluctuante.

A veces Dios nos da lo necesario para vivir y ese “pequeño” detalle es suficiente como para reconocer que estamos bendecidos.

Quizá a veces te has sentido frustrado porque no tienes la cantidad de dinero que quisieras tener, quizá te has sentido frustrado porque tienes muchas deudas y por más que oras el dinero no aparece, quizá has escuchado tanto sobre sembrar y cosechar, sobre diezmos y ofrendas, sobre primicias y todo lo que tenga que ver con ser prospero que al ver tu estado económico actual, has llegado a pensar que Dios se ha olvidado de ti o que no eres lo suficientemente bueno como para ser bendecido en el área económica.

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(¿) No te puedes equivocar (?)

(¿) No te puedes equivocar (?)

 “No te puedes equivocar” ha sido lejos lo peor que me han dicho en la vida. Esa oración está cargada de tanta exigencia que ya el hecho de cómo se ve escrita me produce incomodidad. Es cierto, NINGUNO de nosotros quiere (entiéndase por “quiere” que sea voluntariamente) equivocarse, pero también es una garantía que lo haremos, y no sólo una vez ¡muchísimas!, querámoslo o no, es un hecho. Nuestra naturaleza humana es así, se equivoca, tropieza y aprende. Bueno, en algunos casos sólo se equivoca y tropieza, una y otra vez…sin aprender, pero no me referiré a eso hoy (¡nos salvamos!).

Lo cierto es que Dios no desaprovecha ninguna oportunidad. Pensémoslo unos minutos ¿de qué hemos aprendido más, de nuestros aciertos o de nuestras equivocaciones? Sin lugar a dudas ha sido de nuestras equivocaciones y ésas, Dios les ha dado un valor agregado, porque las ha utilizado a nuestro favor. El tema problemático y riesgoso aquí, es cuando no aprendemos  de nuestro errores, o más aún, cuando creemos que la consecuencia de una mala decisión es un “castigo” de Dios o algo “injusto”. Acá hay que parar las antenas y darse cuenta que no es así. Una decisión, buena o mala, traerá consecuencias a nuestra vida y a veces, a la vida de los demás. Pero no hay que temerle al error ni mucho menos pensar que en la vida hay que acertar el 100% de las veces, no es así. El único que nunca se ha equivocado y que NUNCA lo hará es Dios y aunque llevemos una vida de mucha consagración, es muy probable que Él siga permitiendo el error en nuestras vidas para acercarnos a Su corazón.

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