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Lejos de Dios

Lejos de Dios

Has reflexionado los últimos días sobre la vida que estas viviendo, sobre cómo sin darte cuenta has perdido aquella sensibilidad espiritual que te caracterizaba, ahora orar, leer la Biblia, congregarte o servir ya no es tan “emocionante” como al principio.

Algo paso, tuvo que haber un momento en donde seguramente descuidaste tu relación personal con Dios, en donde quizá comenzaste a acomodarte a vivir una vida que va caminando un poco alejado de Dios sin necesidad de llegar a la perdición total.

Y es que debemos ser consientes que alejarse de Dios no solamente es ir y pecar deliberadamente, a veces a pesar que hacemos lo mismo que hemos hecho los últimos años en la Iglesia, podemos vivir lejos de Dios.

A veces estamos tan lejos de Dios que apenas y escuchamos su voz, estamos tan lejos que apenas y lo sentimos, estamos tan lejos que ya ni obedecemos al Espíritu Santo cuando nos redarguye.

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El Perdón nos Libera – Devocional

EL PERDÓN NOS LIBERA…

el-perdon“Soportándoos unos a otros, y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdono, así también hacedlo vosotros, sobre todo vestíos de amor, que es el vinculo perfecto”. (Colosenses 3:13-14)

Perdonar es un proceso que no siempre es fácil. Cuando somos heridos, cuando nos han hecho un mal, cuando hemos sido traicionados o nos han juzgado mal. Quisiéramos defendernos y tomar la justicia en nuestras manos. Pero cuando uno decide otorgar el perdón aunque te lo pidan o no. Debe hacerlo porque cuando otorgas el perdón das paz y liberación a tu alma, porque decides desechar fuera de ti los resentimientos y la amargura que para nada sirven. Porque no deseas que nada estorbe tu relación con Dios, contigo mismo y con el mundo que te rodea.

La palabra perdón que significa: “No tener en cuenta la ofensa o falta que otro ha cometido, librar a alguien de una obligación o castigo, renunciar a un derecho, goce o disfrute”. Existe un detalle importante que debemos tener presente cuando decidimos perdonar y ese detalle es el siguiente: al perdonar es posible que esa persona o personas que resolvemos perdonar, jamás cambien su forma de ser, sus actitudes y puede ser que ni siquiera reconozca la herida o el daño que han producido. Pero aunque esto llegara a pasarte, eso no debe detenerte ni frenarte para que perdones ya que entonces, el problema viene siendo de esa persona, no tuyo.

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El Efecto Liberador que Trae el Perdón – Reflexión Cristiana

El Efecto Liberador que Trae el Perdón

efecto-liberador“Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda”. (Mateo 5:23-24)

Creo que todos hemos pasado por situaciones donde hemos herido y donde nos han lastimado a nosotros. La vida se forma y se conjuga de experiencias agridulces que nos enseñan y nos van capacitando para que crezcamos en sabiduría y amor.

Hay algo de lo que estoy convencida y en lo que me reafirmo cada día. He entiendo que si yo le pido perdón a Dios todos los días de mi vida por errores o equivocaciones que cometo ya sea directamente hacia él o hacia mis semejantes; necesito entonces perdonar a los que me ofenden de igual forma.
Pero ahí es que está el detalle, a nuestra naturaleza humana y carnal no le es fácil perdonar y olvidar los agravios. Sin embargo si le es fácil olvidar lo que hizo cuando procedió de mal manera. Son ironías de la vida de las cuales tenemos que estar conscientes.

Cuando Pedro le pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar, que si hasta 7 veces. Pedro pensaba que esa cantidad era grande y misericordiosa. Sin embargo nos sorprende la respuesta inteligente de Jesús: “Pedro tú debes de perdonar hasta setenta veces siete”.
Siempre recuerdo una canción que dice: “Amémonos de corazón, no de labios ni de oídos, para cuando Cristo venga nos encuentre apercibidos. Cómo puedes tu orar enojado con tu hermano, Dios no escucha la oración si no te has reconciliado”.
La recuerdo cada vez que surge un incidente en donde alguien sin querer o queriendo me lastima, y también cada vez que yo misma cometo un error.

Y es que el pecado nos aparta de la comunión con Dios. Cuando albergamos en nuestros corazones resentimientos y malos sentimientos. Cuando permitimos que las raíces de amargura se aniden en nuestro ser, nos exponemos a vivir una vida de infelicidad y más aún superficial. El mejor ejemplo lo vemos en Jesús quien pese a todo lo que tenía que sufrir muriendo en la Cruz del Calvario, lo hizo de manera incondicional para ofrecernos una sanidad total del alma.

Hace algún tiempo atrás un amigo muy estimado y querido por mí, me hirió y lastimó de una manera que jamás pensé que lo haría. Cuando esto pasa, no sé si a ti, pero muchas veces se nos activan los mecanismos de defensa. Y en nuestras propias fuerzas quisiéramos defendernos y pelear las batallas. Pero hay batallas que aunque parecen humanas son espirituales y tenemos que dejar que el Señor a través de ellas nos enseñe cómo proceder y reaccionar. Este amigo y yo nos distanciamos. Y aunque tratábamos de actuar lo más normal posible, había una pared invisible, un muro de contención que impedía que la comunicación fluyera.

Estuve orando y presentando esta situación al Señor durante muchos días, alrededor de 3 ó 4 meses y no veía ningún tipo de mejoría. Clamé al Señor porque conozco su palabra y dije: “Señor tienes que encargarte de esta situación porque ya me es incómoda. Uno no puede vivir la vida y ser feliz de esta manera”. Ya hacía mucho tiempo yo había perdonado a este amigo, pero notaba en él una indiferencia y un cambio tan grande. Más siempre he creído que cuando uno confía y espera un mover del Señor repentino, él sorpresivamente actúa para recordarnos que si está muy atento a lo que le decimos, pero que las cosas son en su tiempo y no en el nuestro.

Así que este lunes, siendo ya casi la media noche, recibí un mensaje de texto, donde este amigo me pedía que si estaba despierta lo llamara porque tenía que hablar conmigo. Mi corazón tembló pero también sentí una paz. Esa paz que sobrepasa todo entendimiento. Efectivamente, ese día mi amigo me pidió perdón y yo también se lo pedí a él. Escuché todo lo que él quiso decirme y él escuchó también lo que yo quería hablar. Precisamente como lo pensé, así fue, porque él dijo: “yo ni siquiera podía orar bien con toda esta situación, esto no me permite estar bien en ningún área de mi vida”. Entonces entendí claramente las palabras que dice el coro y que también dice la Biblia. ¡Qué paz siente el corazón cuando armoniza con Dios y con sus semejantes! Hubo lágrimas, hubo sinceridad, pero más que todo hubo perdón. Y el perdón es una actitud, es algo que tú concedes a una persona o que una persona te concede a ti aún sabiendo que eres culpable.

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Vestigios que borrar con un simple PERDÓN – Reflexión

Vestigios que borrar con un simple PERDÓN

amigas-perdon“Mirad cuan bueno es, habitar los hermanos juntos en armonía”
Salmo 133

Tuve una conversación con una amiga a la que quiero mucho. Le comapartía sobre varias cosas que Dios ha hecho en mi…
Ella me interrumpía y argumentaba que muchas personas cristianas tienen una doble moral. De repente me me dijo que se sentía herida por mí en el pasado; y me dejó fuera de base. Muy sorprendida me fijé en su rostro, sus gestos, su forma de hablar y reclamarme lo que para ella fue una ofensa y para mi una situación más, por allaaaaá hace mucho tiempo.

No supe que responder, porque con sus argumentos no tenía como defender mi razón. Me sentí atacada e irritada.
Ella no es cristiana, no es muy espiritual tampoco. Definitivamente es otro mundo. Pero me dio una lección, zacudió mi ego crisitiano y me puso en el nivel del ser con sus debilidades y desagravios.

Mi corazón palpitaba, mis orejas se ponían rojas, consideraba injusta su acusación. Sin embargo sentía que debía oir, estar atenta porque Dios quería hablarme a través de ella y reafirmar que hay cosas que necesitan ser arrancadas de raíz, pues si quedan en el aire, otros son los heridos y tu andas por ahí pidiendo misericordia de Dios, perdón por tus faltas y con culebritas pendientes que debes saldar CON UN SIMPLE PERDÓN ME EQUIVOQUE.

Hay vestigios que quedan de un pasado que por ser cristiano se considera borrado pero, en la relación con Dios. ¡Ojo! no con la de tu hermano. Pues ¿Donde quedan las consecuencias VISIBLES O INVISIBLES de actos que por insensatez y egoísmo tienen rastros en seres humanos que decimos amar?

Dios ministra a través de quien menos imaginas y eso pone a prueba la vulnerabilidad a impulsos guiados por el corazón cuándo se trata de reconocer responsabilidades y más del pasado.

Hoy entendí que es “ponerse en los zapatos del otro”. Pues, hay varias cosas pasan desapercibidas para mí, pero no para los ojos o sentimientos de otros.

Dios es tan perfecto que por ello aborrece la maldad del hombre y pide que nos arrepintamos de corazón y aprendamos a perdonar y a pedir perdón.

¿Pedir perdón? Si. Eso es humildad y fortaleza espiritual. Necesario para estar en el lugar santísimo. No somos perfectos por ser cristianos, tenemos mil errores que dispuestos, Dios nos ayuda a cambiar. Recojamos nuestras deudas, y seamos humildes para comprender que el camino es largo y culebrero y, que con un corazón contrito y humillado ante Dios que manda a amar al projimo como a ti mismo, tenemos la tranquilidad y el amor para pedir PERDON de corazón. Allá el otro si continua en la tónica de jaaaamás. Tu ya cumples y te sientes tranquilo y liberado. (A no ser que tus disculpas tengan una obligación moral de cumplimiento por ese daño causado).

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