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Consejos prácticos para los que no tienen empleo

Consejos prácticos para los que no tienen empleo

por Luis Palau

PhotobucketCinco años antes de tu fiesta de despedida, tu supervisor te entrega una boleta rosa, sin disculpas ni explicaciones. De pronto tu futuro dorado se desploma y se hace polvo.

Se pueden ver escenas así aunque la economía de un país bombee a alta velocidad. El desempleo puede atacar de repente, sin previo aviso. En el transcurso de las semanas pasadas, otros dos gigantes industriales anunciaron la reducción de miles de empleos. ¿Quién hubiera imaginado que estas compañías se verían forzadas a anunciar una reducción de personal de tales dimensiones? Sin embargo, sucede a cada momento. Un ejemplo contemporaneo es lo que sucede en Argentina donde más de 20% se han quedado sin empleo.

Perder el trabajo en forma inesperada le puede pasar a cualquiera en un momento inesperado. Un amigo había trabajado veinticinco años en una compañía cuando se enteró de que sus servicios ya no eran necesarios.

Otro, presidente de una compañía importante, perdió su trabajo cuando decidió reducir las ganancias de la compañía para salvar los puestos de siete mil empleados. La junta de directores lo despidió por sus esfuerzos y le quitó la pensión que esperaba recibir.

A menudo me encuentro con hombres desempleados de más de cuarenta años que pierden la esperanza de alguna vez hallar trabajo. Otros hombres y mujeres pierden sus trabajos cuando las economías locales cambian de una industria predominante a otra, o a ninguna.

Cuando un hombre que ha trabajado en los aserraderos desde la escuela secundaria de repente se encuentra con que ya no hay trabajo, no puede simplemente pasarse a la informática. Son tiempos de desesperación.

Varios años atrás, me encontraba en una serie de reuniones en Escocia, y la BBC me desafió acerca del cuadro local de desempleo (era de 24%).

Su desafío me obligó a considerar qué les diría a hombres y mujeres a quienes el desempleo los llevó a la desesperación. Mi mente se remontó varias décadas atrás a mi propia experiencia después de la muerte de mi padre. Mi mamá, mis hermanas y yo vivíamos de mi pobre salario. Pero durante un paro de noventa días no tuve trabajo. Los sindicatos no nos dieron ni un centavo y esos tres meses me enseñaron mucho acerca del desempleo y la pobreza. ¿Qué hicimos entonces? Los siguientes nueve principios reflejan no solo lo que hice sino lo que ahora pienso que debí haber hecho.

Once principios para los desempleados

1. Primero, pon tu confianza en Dios.

Si ya has depositado tu confianza en Dios al poner tu fe en la muerte y resurrección de Jesucristo, ¡fantástico! Si no es así, pregúntate: «¿Qué está tratando de hacer Dios en mi vida en medio de mi desempleo? ¿Y cómo quiere que reaccione?»

La Biblia dice: «Confía en el SEÑOR de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas» (Proverbios 3:5-6).

2. No culpes a otros por tu desempleo; tómalo como algo de Dios mismo.

Un seguidor de Jesús genuino que de repente queda «reestructurado», suspendido o despedido debería considerar ese incidente como proveniente de Dios y no de una tercera persona. Olvídense de los intermediarios. Terceras partes pueden tener responsabilidad pero que les echen la culpa es un error fútil que produce amargura.

En cambio, es imperioso considerar sus circunstancias como provenientes de la mano de Dios mismo. Observa que no dije «échenle la culpa a Dios» sino «acepten su situación como si viniera de Dios». Hay una gran diferencia.

Este patrón lo vemos varias veces en los Salmos. Los hombres fieles pueden sufrir el ataque de sus enemigos o el embate de los elementos naturales pero la constante es que ven a Dios como el soberano del universo que permitió que esas pruebas se cruzaran en su camino. «Nos hiciste retroceder ante el enemigo; nos han saqueado nuestros adversarios», clama el salmista. «Cual si fuéramos ovejas nos has entregado para que nos devoren, nos has dispersado entre las naciones. Has vendido a tu pueblo muy barato, y nada has ganado con su venta … Todo esto nos ha sucedido, a pesar de que nunca te olvidamos ni faltamos jamás a tu pacto» (Salmo 44:10-12,17). «Has sometido a tu pueblo a duras pruebas; nos diste a beber un vino embriagador», escribe (Salmo 60:3). «Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata», declara (Salmo 66:10). «Me has echado en el foso más profundo, en el más tenebroso de los abismos», le dice a Dios. «El peso de tu enojo ha recaído sobre mí; me has abrumado con tus olas» (Salmo 88:6-7).

Amós, profeta del Antiguo Testamento, sigue un razonamiento similar cuando escribe: «¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia que el SEÑOR no haya provocado?» (Amós 3:6). El patrón continúa en el Nuevo Testamento. «Lo que soportan es para su disciplina», nos anima el autor de Hebreos, «pues Dios los está tratando como a hijos. ¿Qué hijo hay a quien el padre no disciplina? Si a ustedes se les deja sin la disciplina que todos reciben, entonces son bastardos y no hijos legítimos … pero Dios lo hace para nuestro bien, a fin de que participemos de su santidad» (Hebreos 12:7-8,10).

No pierdas el tiempo culpando a los intermediarios por estar sin trabajo. Algún superior puede tener la responsabilidad de tu apuro pero si eres un creyente en Cristo, no te sucede nada que no pase primero por las manos de Dios. No importa cuál sea la prueba; considérala parte de su disciplina para ayudarte a ser más como Jesucristo.

3. Trata de hallar el propósito de Dios para tu falta de trabajo.

«Gloria de Dios es ocultar un asunto, y gloria de los reyes el investigarlo», dice Proverbios 25:2 y según el Nuevo Testamento, los creyentes son reyes y sacerdotes. Por lo tanto es nuestra «gloria» tratar de entender lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Todos ansiamos una respuesta racional a nuestras circunstancias y dado que sabemos que Dios no es irracional, creemos que nuestras experiencias en la vida tienen algún significado. Queremos entenderlas si podemos.

Estoy seguro de que uno de los héroes del Antiguo Testamento pasó mucho tiempo «investigando» la razón que estaba detrás de todas las penurias brutales de su vida. La historia de José ocupa casi un tercio del libro de Génesis, lo cual indica que es de gran importancia. Los capítulos del 37 al 50 describen una familia en la que un cóctel mortal de celos, amargura y enojo finalmente llega al punto de ebullición y termina en traición y por poco en homicidio. Los hermanos de José lo venden como esclavo y durante varios años le sobreviene una calamidad tras otra. Lo acusan falsamente de violación y lo meten preso injustamente, donde languidece por un tiempo.

José debe haber pensado: Dios ¿qué estás haciendo? ¿Por qué me abandonaste? ¿Qué te traes entre manos? Para los espectadores sin duda Dios había abandonado a José, se había olvidado de él, lo había desechado. Sin embargo, a su tiempo, el Señor usó las circunstancias adversas de este joven para un gran propósito. El propio José finalmente llegó a verlo después de que Dios lo elevó al poder en la tierra de su cautiverio. Cuando sus hermanos traicioneros (y temerosos) volvieron a él años después, les dijo: «Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien» (Génesis 50:20). El salmista nos ofrece una reflexión más profunda acerca de los propósitos de Dios cuando escribe: «Pero envió delante de ellos a un hombre: a José, vendido como esclavo. Le sujetaron los pies con grilletes, entre hierros le aprisionaron el cuello hasta que se cumplió lo que él predijo y la palabra del SEÑOR probó que él era veraz» (Salmo 105:17-19).

Dios puede estar haciendo muchas cosas en nuestra vida al permitir que perdamos un trabajo. Pero una cosa es segura: como un padre con su hijo, Dios está moldeando nuestro carácter Entonces tenemos que preguntarnos: «¿Qué parte de mi carácter necesita trabajo?»

Los que sirven al Señor Jesucristo pueden descansar en la seguridad de que Dios nunca va a malgastar sus sufrimientos ni permitir que sufran sin sentido alguno. Creo que hay un propósito detrás de todo lo que toca nuestras vidas y nuestra tarea es hallar ese propósito en lo posible. Si de repente nos despiden, podemos decir: «Creía que era un buen trabajo pero Dios sabe lo que más conviene. Debe haber algo mejor para que yo haga en vez de trabajar para esta compañía. Ahora debo descubrirlo».

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