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¿Y tu relación con Dios?

¿Y tu relación con Dios?

Y-tu-relacion-con-DiosA veces perdemos el rumbo que deberíamos llevar, a veces nos afanamos en otras cosas que no son el fin principal de la vida.

En ocasiones dejamos que el trabajo, el dinero y otras ocupaciones ocupen el lugar más importante en nuestra vida. Nos preocupamos por tener dinero, por vestir bien, por tener lo último en tecnología, por tener una bonita casa y muchas otras cosas materiales, pero nos olvidamos de nuestra relación con Dios que debería ser lo más importante en nuestra vida.

Nuestro Señor Jesús nos enseño a través de un ejemplo:

“Luego les contó una historia: «Un hombre rico tenía un campo fértil que producía buenas cosechas. Se dijo a sí mismo: “¿Qué debo hacer? No tengo lugar para almacenar todas mis cosechas”. Entonces pensó: “Ya sé. Tiraré abajo mis graneros y construiré unos más grandes. Así tendré lugar suficiente para almacenar todo mi trigo y mis otros bienes. Luego me pondré cómodo y me diré a mí mismo: ‘Amigo mío, tienes almacenado para muchos años. ¡Relájate! ¡Come y bebe y diviértete!’”. »Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?”.»Así es, el que almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios, es un necio».” 

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Reflexión: ¡Cada día trae su propio afán!

¡Cada día trae su propio afán!

¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?…   Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

Mateo 6:25-34 (RV60)

Muchos de nosotros y nosotras tenemos necesidades, anhelos y deseos; y a lo largo de nuestro peregrinaje en esta tierra tendemos a perder nuestro enfoque celestial por las muchas situaciones que atravesamos a diario, las cuales se acumulan día tras día. Las obligaciones pendientes que tenemos en nuestro hogar (para los que tienen hijos) la alimentación, y muchas cosas más que tenemos que cubrir cada día; necesidades básicas, y las NO tan básicas que se despiertan por escuchar tanto los medios de comunicación mencionarlas a cada rato. Y nos afanamos tanto por querer cumplir con todo lo que planificamos diariamente en nuestra agenda humana, por tener ¡tooodo! Lo que queremos y necesitamos lo más pronto posible; Queremos alcanzarlo todo y correr grandes millas de una sola vez y por todas, tratando de añadir a nuestras vidas más resultados que los del día anterior. Pero por mucho que nos afanemos, Dios ya había planeado de antemano en su agenda divina todo lo necesario y lo suficiente de oficios, metas, quehaceres y demás cosas para ejecutarlas precisamente en este día de hoy; sino que, frecuentemente, nosotros intentamos (muchas veces inconscientemente) llenar nuestra agenda con demasiadas cosas que a lo mejor no son tan prioritarias ni edificantes. Debemos estar en intima comunión con nuestro Padre, El cual nos dará Su sabiduría para organizar nuestro tiempo conforme a lo que Él ha puesto en nuestro corazón y, nos ha convencido en nuestro espíritu hacer para ejecutar las cosas que tenemos que hacer en este preciso momento e instante.

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Video: ¡Dios tiene la culpa!

Video Reflexivo

“¡Dios tiene la culpa!”

¿Cuantas veces culpamos a Dios de nuestras mismas malas decisiones?, cómo que si Dios tuviera la culpa de la forma como decidimos. La mayoría de las personas tiende a echarle la culpa a Dios de todo lo malo que le ocurre, parece ser que si algo malo ocurre es porque Dios lo quiso, pero ¿Alguna vez te has preguntado si es tu culpa que las cosas vayan mal?

Ocurre muchas veces también que descuidamos a nuestra familia por diferentes actividades y cuando las cosas salen mal también le echamos la culpa a Dios de nuestro estado familiar. La Biblia dice: “¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?” Eclesiastés 1:3 (Reina Valera 1960)

Te invitamos a reflexionar en el siguiente video:

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¡Nadie te lo está pidiendo!

¡Nadie te lo está pidiendo!

No sé si te ha pasado (¡espero que sí o me voy a sentir tremendamente mal!), pero muchas veces nos volvemos tremendamente exigentes con nosotros mismos. Tanto así, que terminamos poniendo responsabilidades y expectativas muy por sobre lo que somos capaces y estamos dispuestos a cumplir. Cuando eres cristiano y amas a Dios “con pasión y con locura”, como dice un buen amigo, quieres cumplir absolutamente con TODO lo necesario para que Él esté orgulloso de ti y tú puedas sentir que eres un buen testimonio de santidad e integridad para el mundo. Hasta aquí vamos bien. Nadie quiere fallarle a Dios y es ese amor que tenemos por Él el que nos lleva a estar dispuestos a MUCHO o a TODO por Su obra.

Pero, ¿qué pasa cuándo nos equivocamos?, ¿qué pasa cuando descubrimos que no podemos cumplir con las exigencias autoimpuestas?. Nos decepcionamos de nosotros mismos, nos sentimos culpables por fallarle a Dios y no haber dado la talla. Y lo más paradójico de todo, es que a Dios no le importan tus parámetros. A Él le importas TÚ y tu corazón, nada más.

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Cuando El Amor Supera Al Servicio

Cuando El Amor Supera Al Servicio

Lucas 10:41-42 -Marta, Marta -le contestó Jesús-, estás inquieta y preocupada por muchas cosas, pero sólo una es necesaria. María ha escogido la mejor, y nadie se la quitará.

Marta estaba preocupada por algo realmente bueno e importante. Jesús venía a cenar a su casa y ella quería que todo estuviera perfecto. Todo tenía que estar impecable ese día. La comida en su punto, la ropa limpia y todo en completo orden. Ella sabía que “estaba sirviendo a Dios” y quería hacer todo de la mejor manera. El problema fue cometer un error muy pero muy común en el servicio al Rey. Mientras trabajaba para él, el trabajo se volvió más importante que su Señor. Lo que comenzó como un deseo enorme de servir a Jesús, sin darse cuenta se había convertido en una forma de servirse a sí misma… Se olvidó que la comida era para honrar a Jesús y no para quedar bien ella.

Es muy fácil y muy común caer en este error. Podemos servir en la iglesia con diferentes motivaciones. Podemos hacerlo por vanagloria, por inseguridad, por compromiso o para comprar el favor de alguien. Yo lo hice así muchas veces y sé que en el futuro tendré que revisar mis motivaciones. En esas ocasiones tuve que acercarme al Señor con vergüenza pero confianza y contarle lo que había en mi corazón. Lo bueno fue que él las cambió por la mejor motivación de todas: “El amor”. Cuando el amor supera al servicio disfrutamos de lo que hacemos, no nos importan tanto los problemas sino el resultado final. Cuando el amor supera al servicio no estamos tan conscientes de qué es lo que los demás están haciendo sino de lo que nosotros debemos hacer. Jesús le dijo a Marta mirando a María: “Una sola cosa es necesaria y María la está haciendo”. Ella se había puesto a pensar en las necesidades de Jesús, en sus expectativas. Intuyó en su corazón que a Jesús no le importaba tanto la comida ni lo que había bajo de la alfombra sino pasar un buen rato de palabras amorosas con sus amigas tan queridas. Y eso era lo que María le estaba dando.

Autor: Lucas Leys