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Hermano Pablo: ¿Que haces con tu vida?

Un Mensaje a la Conciencia por el Hermano Pablo

“¿Que haces con tu vida?”

En este vídeo el Hermano Pablo nos hace reflexionar sobre, ¿Que es lo que hacemos con nuestra vida?, quizá tu digas que puedes hacer con ella lo que bien te parezca, pero la vida es dada por Dios y es dada para Dios, ¿Que estas haciendo con tu vida?.

Puedes ver el video desde acá:

Hermano Pablo: La Vida (Un Mensaje a la Conciencia)

Un Mensaje a la Conciencia por el Hermano Pablo

“La Vida”

Este es uno de los cientos de mensajes que el Hermano Pablo fallecido hace pocos días grababa para el que fue su Ministerio: “Un Mensaje a la Conciencia”. En este Video en especial nos exhorta a dejar un legado, nos exhorta a pensar sobre ¿Que estamos haciendo en esta vida?, pero sobre todo nos motiva a buscar la verdadera vida y vida en abundancia que solo es posible a través de Cristo.

Puedes ver el video desde acá:

Muere el Hermano Pablo

Muere el Hermano Pablo

Pablo Edwin Finkenbinder, conocido por toda Latinoamérica como el Hermano Pablo, murió este Viernes 27 de Enero de 2012, a los 91 años de edad.

El Hermano Pablo conocido en todo el continente por su programa radial y televisivo: “UN MENSAJE A LA CONCIENCIA” partió este día a la presencia del Señor, en el estado de California, EEUU.

Un hombre de Dios que adopto a El Salvador como su segundo país, siendo misionero en este país durante muchos años, en donde dio a luz a su tan famoso programa: “Un Mensaje a la Conciencia”.

El pueblo cristiano se despide así por un tiempo de una persona que irradiaba el amor y la pasión por Dios, el Hermano Pablo puede estar seguro que dejo un legado maravilloso, con muchas enseñanzas y reflexiones que hoy en día han servido para que miles de personas se conviertan a Cristo alrededor del mundo.

¡Hasta pronto Hermano Pablo!

“Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Mateo 25:23 (Reina-Valera 1960)

La Canastilla Aplastada

LA CANASTILLA APLASTADA

por Carlos Rey

PhotobucketSe acercaba el Día de la Madre. Un niño de nueve años había hecho, con sus propias manos, una canastilla de cañas para obsequiársela a su querida madre. Todos los días, desde una semana antes, el muchacho, a escondidas, sacaba el regalo y lo contemplaba con orgullo. Si alguna de las cañas se había zafado, o no estaba bien sujetada, el niño la cambiaba y modificaba todo el diseño de la canastilla.

Llegó por fin el Día de la Madre. Había acordado con su hermanita que cada uno llevaría su regalo a la mesa para darle la sorpresa a la mamá. Cuando llegó el momento, la hermana llevó el suyo, pero el niño no aparecía por ningún lado. La madre, después de un buen tiempo, lo llamó, pero él no salió de su cuarto. Así que ella puso el oído a la puerta, y oyó al niño llorando.

Muy sabia y discretamente, la madre abrió la puerta y vio a su hijo sentado en el piso, con el regalo entre las piernas, todo aplastado. Lo había ocultado detrás de un escritorio, y alguien había movido el escritorio y había destrozado la canastilla.

Sin decir nada, la dulce madre se sentó junto al hijo y empezó a rehacer la canastilla, caña por caña. El niño comenzó a secarse las lágrimas, y a medida que la canastilla volvía a tomar forma en las manos de la mamá, más y más amplia se hacía la sonrisa en su inocente rostro.

Al terminar la madre la tarea, fue con su hijo hasta el comedor con el regalito, y el niño experimentó ese día el Día de la Madre más inolvidable de toda su vida. «Lo recuerdo perfectamente —escribió ya como adulto el Hermano Pablo—, porque aquel niño era yo mismo.»

Esa historia verídica acerca de su niñez la contó el Hermano Pablo por primera vez en la radio cuando tenía cerca de cincuenta años de edad. En efecto, quedó grabada en su memoria, como una cinta magnética que resiste el desgaste del tiempo. Así como en todos los mensajes que transmitió en el transcurso de cuarenta años en los medios de comunicación, el Hermano Pablo también aplicó a la vida cotidiana aquel «Mensaje a la Conciencia». Lo hizo en las siguientes palabras:

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Reflexión – Frenar uno para que frene otro

FRENAR UNO PARA QUE FRENE OTRO

por el Hermano Pablo

PhotobucketRoberto Albanés estaba observando su velocímetro. Cuando ascendió a ciento veinte kilómetros por hora, decidió aminorar la velocidad de su Volvo, último modelo.

En eso vio en el espejo retrovisor un vehículo que se acercaba a mucha más velocidad que la suya. Una mujer se había desmayado sobre el volante, y el niño que la acompañaba lloraba a gritos. El vehículo ya se iba contra la cerca de cemento de la autopista.

Roberto, entonces, tomó una decisión heroica. Puso su Volvo entre ese auto y la cerca, y hundió fuertemente los frenos. Saltaron chispas, y ambos vehículos quedaron trabados, pero después de trescientos metros de frenada, los dos autos pararon. La mujer había sufrido un desmayo diabético y había perdido el control del carro. Pero el arrojo del valiente Albanés, y los frenos del auto, evitaron la tragedia.

Se necesitan coraje y resolución para hacer lo que hizo ese joven. Vio que un vehículo grande iba a chocar a gran velocidad, e interpuso su auto. Los paragolpes se trabaron, pero frenó su auto poco a poco, y así logró que se frenara el otro también. A la mujer la atendieron de inmediato, de modo que ni ella ni el niño sacaron del accidente más que el susto.

Es interesante esto de frenar uno para que frene otro. Esa acción ha salvado a muchos en la vida moral. Un hombre en Caracas, Venezuela, que acostumbraba a pasar todos los viernes un buen rato en la cantina con su amigo, decidió un día ponerle freno al asunto. De ahí en adelante, cada viernes bebieron una copa menos de las acostumbradas. Así, en sólo ocho semanas, los dos se libraron del vicio.

Una muchacha, que con su prima no había encontrado más oficio que el de la prostitución en Los Ángeles, California, decidió frenar esa actividad e ingresar en una escuela. Ambas encontraron otro oficio y se casaron. El freno que puso una, ayudó a la otra también a frenar.

Los ejemplos abundan, porque lo mismo ha ocurrido una infinidad de veces. La fuerza y el ejemplo de una persona ha sido todo lo que se ha requerido para cambiar por completo el rumbo equivocado de otra.

Querámoslo o no, nuestra vida es un ejemplo. Todos, aunque no lo advirtamos, somos guías de alguien. Hay personas que tienen sus ojos puestos en nosotros, de modo que nuestra vida dirigirá a otro, ya sea por buen o por mal camino. Nuestros pasos se convertirán en la senda que otros seguirán.

¿A dónde los estamos llevando: a la vida o a la muerte? Aprendamos de Jesucristo cuál es el buen camino, y transitemos por él. El Señor nunca nos engañará.

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