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¡Los ocupados al servicio de Dios!

¡LOS OCUPADOS AL SERVICIO DE DIOS!

los ocupadosSALMOS 78: 70- 72

INTRODUCCIÓN: cuantas veces hemos dicho “yo no le sirvo a Dios, no estoy en el ministerio, no tengo cargo en la iglesia, no estoy involucrado en los asuntos de la obra del Señor porque no tengo tiempo, mi trabajo, responsabilidades, labores y tareas diarias no me lo permiten”. En otras palabras “ESTOY MUY OCUPADO”. Como queriendo decir: “los que no hacen nada y están desocupados que se dediquen al ministerio, a la obra de Dios y al servicio cristiano”. ¡Qué mentalidad tan pobre! Pensando en esto y para crear conciencia en ellos estudiaremos a la luz de Palabra de Dios algunos ejemplos de personajes que Dios llamó, escogió para encomendarles alguna misión, encargarles una labor ministerial o realizar un trabajo para Él y Su pueblo; estando ellos precisamente “OCUPADOS” y dedicados a sus labores seculares y responsabilidades. Veamos

1.     MOISÉS (ÉXODO 3:1-22): Cuando Dios se le apareció y llamó a Moisés (sacado de las aguas) para encomendarle la misión de liberar a Su pueblo Israel de las manos del Faraón, de Egipto y de los egipcios ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo? ¿En qué estaba ocupado? ¿A qué se dedicaba? ¿Qué labor estaba realizando?

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Si Dios te llama, es porque Él te respaldará

Si Dios te llama, es porque Él te respaldará

Conozco muchas personas que al ser preguntados del porque no le sirven a Dios en alguna área dicen: “Es que no me siento totalmente capaz”, “Es que siento que tengo que mejorar esto o aquello”, “Es que considero que no tengo grandes talentos”.

Cada una de estas excusas, porque lo son, no tienen un fundamento valedero delante de los ojos de Dios, porque ¿Quién esta preparado totalmente para hacer algo para Dios? ó ¿Quién tiene “grandes” talentos para hacerlo?

A través de la Biblia se puede ver que Dios utilizo a personas comunes, normales, sin grandes cualidades o enormes talentos, la mayoría de ellos no eran eruditos de la Biblia, no eran escribas que se sabían toda la ley o no eran personas con grandes grados académicos o con muchos diplomas de cursos bíblicos, misioneros, evangelísticos o pastorales. La gran mayoría de siervos que Dios uso para su obra, fueron preparados por Dios mismo.

Por ejemplo, Moisés era conocido por tener un temperamento fuerte a tal punto que en un enojo mato a un soldado egipcio y tuvo que huir para no ser atrapado y posiblemente muerto también. Dios lo llevo al desierto en donde paso cuarenta años antes de que Dios lo llamara para utilizarlo como libertador de su pueblo, en ese tiempo la Biblia dice de Moisés: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” Números 12:3 (Reina-Valera 1960). En ese proceso en el desierto, Dios había trabajado en el carácter de Moisés para dejarlo a punto para que pudiera ser útil en la obra que Él necesitaba.

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Todo lo que hagas, hazlo para el Señor y no para los hombres – Reflexiones Cortas

Todo lo que hagas, hazlo para el Señor y no para los hombres.

Criados, estad sujetos con todo respeto a vuestros amos; no solamente a los buenos y afables, sino también a los difíciles de soportar.
Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.
Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios.
Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas;
el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca;
quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente. 1 Pedro 2:18-23

 En todo hay una autoridad, en un trabajo, en la escuela, en el hogar y en la Iglesia no es la excepción. Los servidores de Dios en el cuerpo de Cristo, todos cumplimos tareas diferentes, y así también todas las personas somos diferentes, con sus personalidades y temperamentos, unos buenos, otros difíciles de soportar como dice su palabra.

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Colgando la capa…

Colgando la capa…

Toda mi vida (y no lo digo con orgullo) he sentido un compromiso social muy grande, una necesidad de poder estar en los lugares donde siento que puedo hacer algún aporte o involucrarme en alguna causa que beneficie a otros. No tiene que ver con un corazón misericordioso o con que sea extremadamente solidaria, tiene más que ver con sentirlo como una responsabilidad por las oportunidades que Dios me regaló a mí. Este sentimiento me acompaña en todo lugar y a ratos me juega malas pasadas.

Basta ver las noticias, leer el diario o dejar de mirarse el ombligo para reparar en que vivimos en un mundo lleno de necesidades: materiales, económicas, afectivas, emocionales, etc. Estamos en una sociedad que requiere urgentemente de un trabajo de joyería en sus vidas para ser capaces de salir adelante y lograr sus sueños, y en esa sociedad no estamos ajenos tú y yo, también tenemos necesidades, también tenemos sueños. Sin embargo, muchas veces nuestras necesidades se ven satisfechas ante una sonrisa o cuando nos sentimos útiles, sentimos que en el día nuestra vida tuvo sentido porque fuimos capaces de atravesar el caparazón de alguien y llegamos a su corazón.

Cuando vivimos la vida de esta manera nos acercamos al modelo de Jesús, a como Él aprovechó cada momento que estuvo en la tierra para servir a otros y entregar aquello que tenía en su corazón, un amor y una sabiduría a toda prueba. Pero también ocurre que en medio de esta cruzada por vivir la vida de acuerdo al modelo de Jesús nos damos cuenta que no alcanzamos a cubrir todo lo que quisiéramos, que no podemos ayudar cuanto quisiéramos y que hacemos la cosas lo mejor que podemos con lo que tenemos, pero que no es suficiente.

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No es tarea, es Placer

NO ES TAREA, ES PLACER

Cuéntase que recorriendo los caminos del país de Gales iba un ateo, el señor Hone; iba a pie y al caer la tarde sintióse cansado y sediento. Se detuvo a la puerta de una choza donde una niña estaba sentada leyendo un libro. Le pidió el viajero agua; la niña le contestó que si gustaba pasar su madre le daría también un vaso de leche. Entró el señor Hone en aquel humilde hogar donde descansó un rato y satisfizo su sed. Al salir vio que la niña había reasumido la lectura, y le preguntó:

— ¿Estás preparando tu tarea pequeña?

— No señor — contestó la niña—, estoy leyendo la Biblia. —

— Bueno ¿te impusieron de tarea que leyeras unos capítulos?

— Señor, para mí no es tarea leer la Biblia, es un placer.

Esta breve conversación tuvo tal efecto en el ánimo del señor Hone, que se propuso leer él también la Biblia, convirtiéndose en uno de los más ardientes defensores de las sublimes verdades que ella enseña.

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