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Destellito: Fumar o no fumar

Un Destellito en las manos de Dios

Dwight MoodyEl hombre no deja de sorprender a Destellito, siempre encuentra algo para comentar, y aplicar en sus instrucciones, las que entrega confiadamente porque son temas diversos, todos cristianos, apuntando a un solo propósito, dar a conocer a Dios Creador por medio de Jesucristo.

La historia de la Iglesia es una de las materias que gusta mucho a Destellito, especialmente las biografías de hombres de Dios especialmente dotados, y que dejaron una huella imposible de borrar, y por ahora, vamos a tomar la de Dwight Moody. Nació el 5 de febrero de 1837 en Northfield, Massachusetts, Estados Unidos de América, su padre murió cuando él tenía cuatro años, y a los diecisiete años se trasladó a Boston para trabajar con su tío, quién le puso como condición, asistir a la iglesia donde él concurría. En 1855, se convirtió al cristianismo cuando supo cuanto lo amaba Dios, despertándose en él servir al Señor como evangelista. Fue llamado el evangelista más grande del siglo diecinueve, y partió ante el Señor el 22 de diciembre de1899.

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La Fotografía

La fotografía

Este fin de semana estuvo marcado por los recuerdos. Entre anécdotas de pequeña, travesuras que hacíamos con mi hermana e historias que mi madre me narraba, me encontré con una foto que mi hermana me mostró. En esta foto estábamos ambas sentadas en un sillón, yo debo haber tenido seis o siete años y mi hermana diez u once, recuerdo que estábamos celebrando mi cumpleaños y que ese mismo día habían sucedido varias cosas no muy alegres, de hecho, nuestras caras de tristeza en la foto eran letales para ser tan pequeñas.

Además del desastroso look de ambas y de todas las cosas que recordamos de ese día, hay algo en esa foto que llamó poderosamente mi atención. A la derecha mía está mi hermana, y en medio de ese momento para nada feliz- dado que el día había sido difícil- veo una escena que me impacta. Ahí estoy yo, toda enana y despeinada y sobre la pierna de mi hermana está mi mano en actitud de “todo va a estar bien”. En cuanto vi la foto recordé ese día, vi nuestros rostros y me di cuenta que mi recuerdo se quedaba corto al lado de lo que realmente debe haber ocurrido ese día, pero allí, con 6 ó 7 años de edad intentaba transmitirle a mi hermana que todo iba a pasar, que nada de lo que vivíamos iba a durar para siempre.

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Un año después…

Un año después…

Esta semana tuve la posibilidad de recordar un episodio de mi vida a través de la experiencia de otra persona. Hace un año atrás, en esta misma fecha, vivía una de las crisis personales más difíciles de afrontar. A nadie se lo comenté y decidí incluso no contárselo a Dios por temor a lo que fuera a pensar de mí…como si Él ya no lo supiera…o como si algo de lo que yo hiciese pudiera hacer que Él me amara menos, pero bueno, no se puede decir que no lo intenté.

Esta fuerte crisis terminó de manera no muy favorable para algunas personas, sufrieron mucho por causa mía y yo terminé exhausta, sin ganas ni voluntad para nada. En medio de esta montaña rusa de emociones, nada parecía mejorar. Cuando pasó un poco el tiempo bajaron las revoluciones y todo entró en una aparente calma que se mantuvo con el correr de los meses. Sin embargo, no había vuelto a pensar en este estado ni en esta etapa hasta hace poco tiempo atrás, hasta que alguien vivió una situación muy similar a la que les menciono.

Lo que más me impresiona de todo es lo fácil que olvidamos las circunstancias por las que pasamos, lo rápido que olvidamos los momentos en que Dios nos ha sostenido de Su mano poderosa y cómo nos ha enseñado a partir de esa circunstancia. Hoy miro atrás, sólo un año atrás, y me doy cuenta de que soy una persona totalmente distinta, por fuera sigo siendo exactamente igual (exactamente igual de pequeña para quienes me conocen), pero por dentro algo cambió y cambió para siempre. Este cambio fue positivo, me hizo crecer, pero también generó mucho dolor. A veces el crecer duele y el aprender cansa. Pero ambos nos acompañan por el resto de nuestras vidas.

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En medio del dolor – Reflexiones

En medio del dolor

Tuve la oportunidad de visitar a una gran mujer de 67 años que tiene cáncer al pulmón y había vivido hace poco una cirugía para intentar extirpar su tumor. Cuando le tomé la mano, me contó cómo había sido la operación y los cuidados que había tenido que tener mientras estaba en el postoperatorio. Se notaba muy cansada y adolorida, pero con ganas de conversar como siempre.

Dentro de las cosas que me comentó, me impresionaba cómo sus ojos se llenaban de lágrimas cuando recordaba el periodo de la radio terapia, pero no porque pensaba en ella, sino porque recordaba a quienes estaban viviendo el mismo proceso que ella. Me contó de una joven de 25 años que tenía un hijito, recordó a mujeres de 30, 40  hasta 50 años que no podían ni siquiera levantarse al baño. Incluso recordó  a una mujer que agonizó toda la noche falleciendo a la mañana siguiente. Quedé perpleja entre tantas historias, pero me impresionaron aún más las palabras que siguieron a continuación de su relato “al menos yo he vivido mucho más”.

En medio de un dolor físico y de lo angustioso que puede llegar a ser un cáncer, esta mujer es capaz de ver más allá de su propio cáncer y conectarse con las historias de dolor y pérdida de otras personas. Su hija me comentaba que cuando estaba recién operada la encontró un día en el baño secándole el pelo a otra mujer hospitalizada que lo único que quería era arreglarse para las visitas que vendrían.

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Destellito: El Levantador de Pesas

Un Destellito en las manos de Dios 

Los Juegos Olímpicos acaparan la atención de prácticamente todo el mundo, dijo Destellito, mientras sacudía sus pantalones de tenista, uno de los deportes que le agradan. Millones de personas, gracias a las comunicaciones avanzadas de hoy, siguieron el desarrollo de los últimos juegos efectuados en Londres. Son dos las materias a considerar al respecto, la primera: la diversidad de disciplinas deportivas, y la segunda: la gran cantidad de países que participan. Existe entre las disciplinas, una práctica que deja una valiosa enseñanza para los hijos y las hijas de Dios.

El Levantador de Pesas

Levantar pesas, expresa Destellito, requiere de un muy buen estado físico. La gran mayoría de las veces, los que practican este deporte, exceden con creces su propio peso y el esfuerzo que realizan es admirable. Estos deportistas se proponen superar, en levantamientos sucesivos, la marca inicial, los más fuertes lo logran, mientras que muchos van quedando relegados. Levantar la barra es todo un desafío para el deportista. Toda su determinada actitud se puede observar cuando está frente a ella, la manera como la toma con sus manos, y la manifestación de su cuerpo, cuando inicia el levantamiento, dirá si tuvo éxito o no. Cuando el levantador de pesas no lo logra, decimos que le faltó fuerza, comentó Destellito al momento que abría su Biblia para leer:

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