La alegría de vivir

La alegría de vivir

“Me mostrarás el camino de la vida, me concederás la alegría de tu presencia y el placer de vivir contigo para siempre.”

Salmo 16:11 (Nueva Traducción Viviente)

Cuando un creyente se enfría, éste comenzará a hacer sus labores solo porque tiene que hacerlas o porque es lo correcto, no obstante falta la alegría de vivir. Dicha alegría se obtiene al tener a Dios en todos sus asuntos, porque se puede hacer cosas para Dios pero sin que Él esté involucrado.

La vida demandante del creyente puede acabar con su comunión con Aquel que le ha dado todo, ésto si el creyente fija su vista en lo que ven sus ojos y no en su Dios. Es un proceso sigiloso pero incisivo el de perder la alegría de vivir. Comienza con una promoción en el trabajo, con un nuevo proyecto ministerial, con la llegada de una nueva persona al corazón del creyente, o por atender un encargo del Creador. No obstante se deja fuera de todo ello a Dios. Estando en esa situación el corazón del creyente puede ser engañado al creer que ese distanciamiento es voluntad de Dios puesto que Él fue quien le ha dado esas tareas, siendo esto solo mentiras.

Cuando se pierde la alegría de vivir las cosas de Dios se vuelven una carga y no un privilegio como al principio, se vive con apatía y se espera lo peor en toda situación. Pero el mayor daño es la amargura que alberga el creyente en su corazón.

Todo lo anterior dicho son solo síntomas de un distanciamiento de Dios.

Querido hermano, si tu estás en esa situación, y extrañas la alegría de vivir te tengo la solución: vuelve a Dios, la fuente de tu alegría. Solo Él puede “encenderte de nuevo”, solo Él es la fuente de tu pasión.

Si últimamente la vida y sus labores son solo un pesar, si ya no recuerdas por qué haces las cosas, si extrañas la trascendencia que algún día ardía en ti, entonces vuelve a la fuente de tu alegría.

Si éste eres tú, cambia hoy el rumbo de tu vida y vuelve a tu primer y único grande amor: Jesús.

Recupera la alegría de vivir y haz conmigo esta oración:

“Padre, te pido perdón por haberme distanciado de ti. Reconozco que puse algo más por encima de ti. Ordena mi vida, dame entendimiento de cómo mejorar nuestra comunión. Lléname de tu presencia y aumenta en mí la alegría de vivir. Te entrego mis días. Oro esto en el nombre de Jesús, Amén.”

Autor: Richy Esparza

Escrito para http://destellodesugloria.org/blog/

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