¿Quién dice que pecar es desagradable?

¿Quién dice que pecar es desagradable?

pecadoSi el pecado fuera desagradable a simple vista, tal vez nunca pecaríamos, pero somos tan egoístas que lo único que nos interesa al momento de que el pecado se nos presenta de frente, es satisfacer los instintos y los placeres desordenados de nuestra egocéntrica naturaleza. Seamos realistas, el pecado satisface en gran medida el orgullo y la vanidad de nuestra carne, por eso la lucha contra él no es nada fácil.

A la hora de pecar no nos preocupa en lo mínimo cuánto podemos defraudar a Dios, lo importante es que nosotros prevalezcamos y quedemos bien ante el mundo así estemos quedando como lo peor delante de Él, lo que nos interesa es que nuestras necesidades sean satisfechas independientemente de qué tan bien o no estemos haciendo las cosas, en pocas palabras “cuando se trata de nosotros hasta Dios deja de ser importante”, una clara manifestación de la naturaleza pecaminosa.

Dejar de pecar implica anular por completo nuestro yo, para que Cristo, el que reina por los siglos haga como quiera en nosotros. Es cierto que somos salvos por fe y por gracia, y que sin Cristo sería imposible que nuestras vidas cambiaran; sin embargo, tenemos una gran responsabilidad delante del Señor a la hora de elegir entre el bien y el mal, nosotros somos responsables de pecar. Nuestra carne siempre está despierta buscando satisfacer sus deseos pecaminosos; por eso tenemos que estar alertas, fortalecidos y capacitados para enfrentar cada tentación que nos insta a pecar. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Santiago 1:13-14 (RV1960).

Satanás conoce bien las debilidades que tenemos y él no va a desaprovechar oportunidad alguna para tentar la concupiscencia de nuestro corazón, él sabe perfectamente qué engaños puede utilizar para que fácilmente caigamos en el pecado y al final terminemos separados de la gloria de Dios.

Tenemos el deber como hijos de Dios de examinarnos en todo tiempo y pedirle a Él que por su gracia nos revele la condición de nuestro corazón. Debemos reconocer y entregar delante de Dios todas nuestras concupiscencias, para que con el poder de su Santo Espíritu consuma toda raíz de iniquidad que esté alimentando en nosotros cualquier anhelo de pecar. El conocernos mejor de lo que Satanás nos conoce nos permitirá resistir con mayor sabiduría a la tentación. “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”. Salmo 139:23-24 (RV1960).

¿Quién dice que pecar es desagradable? No, no subestimemos el pecado, a nuestra carne le fascina pecar, es su  mayor deleite; pero si nos esforzamos y nos entregamos plenamente a Dios, con toda seguridad Él nos ayudará a matar todo deseo pecaminoso que haya en nosotros y cada día seremos perfeccionados por su Espíritu conforme a la imagen de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”. Romanos 8:6-8 (RV1960).

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis”. Gálatas 5:16-17 (RV1960).

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor”. Hebreos 12:14 (RV1960).

¡Un hijo de Dios aborrece cada vez más el pecado y cada día persevera en santidad, porque sin santidad nadie verá al Señor!

Escrito por: Marisela Ocampo O.

Escrito para www.destellodesugloria.org

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