Él lo sabe

Él lo sabe

Hace unos días andábamos de compras con mi familia, Yamita, Valentina y Uziel, a mi pequeño le encanta todo lo que tenga que ver con el deporte y decidí comprarle unas raquetas de ping pong, para que jugara en casa.

El día de ayer me pidió que jugáramos ping pong y bueno, acepte, pero al darme la raqueta note que la mitad del material que viene pegado a la raqueta estaba arrancado; un obra más de mi pequeño Uziel.

Al ver la raqueta ya no en su estado original, sino más bien averiada, quise preguntarle qué había pasado, entonces, le pregunto: “Uziel, ¿Qué le paso a la raqueta?”. Al Uziel percatarse rápidamente de lo que estaba hablado y en especial a lo que me estaba refiriendo, comenzó a tratar de darme explicaciones, su carita, sus gestos, sus palabras y la forma en la que trataba de explicar lo que yo ya sabía, me dio entre un poco de gracia y a la vez ternura, de ver a mi hijo querer explicarme que simplemente él le había despegado la mitad de la goma que en un lado llevaba la raqueta.

En el mismo instante en el que él trataba de darme una explicación a algo que la verdad no tenía una importancia tan trascendental, vino a mi mente la reflexión de que: ¿Cuántas veces hemos querido dar explicaciones a Dios de algo, que realmente Él ya conoce?

¿Qué pensara Dios de nosotros cuando tratamos de explicar nuestras travesuras?, ¿Cuántas veces le damos vuelta al asunto, con tantas palabras, solo para explicar algo que tiene una explicación tan sencilla o algo que simplemente Él ya sabe?

Uziel había despegado parte de la goma que trae la raqueta y estoy seguro que lo había hecho porque seguramente tenía una partecita despegada y él al ver eso, siguió despegándola, así son los niños, su intención no era arruinarla, ni mucho menos que se viera fea la raqueta, la razón era simple: “El deseo de despegar la goma”, así de simple, no tiene otra explicación, solo tenía que decir: “La despegue pero no quise arruinarla”. Obviamente él no la despego con la intención de arruinarla, pero sus explicaciones eran tan largas y tan graciosas que lejos de enojarme me provoco gracia y ternura hacia mi pequeño de tres años y cinco meses, y sobre todo reflexione sobre: ¿Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo, pero con Dios?

A veces me imagino a Dios como mi Padre y yo queriendo dar explicaciones a acciones que no tuve que hacer, que las hice simplemente porque quise hacerlo pero no con la intención que me fuera mal. Ninguno de nosotros hacemos algo esperando que nos vaya mal, pero a veces nuestras acciones equivocadas provocan resultados que realmente no esperábamos y que no tienen explicación más que: “Lo hicimos, somos los culpables”.

Pensar en todas las explicaciones que tratamos de darle a Dios para excusar nuestras malas decisiones o nuestras malas acciones, me lleva a reflexionar en el siguiente versículo:

“No crean ustedes que pueden engañar a Dios. Cada uno cosechará lo que haya sembrado”. 

Gálatas 6:7 (Traducción en lenguaje actual)

¿Ustedes creen que podemos engañar a Dios con nuestras excusas o explicaciones sobre algo que hemos hecho?, ¡Es imposible engañarlo!

A veces me imagino a Dios riéndose de nuestras explicaciones, no en sentido de burla, sino en sentido de gracia, como diciendo: “No tienes que mentirme, yo sé lo que paso”.

Lo lindo de todo esto, es que tenemos a un Dios amoroso, que nos ve con ojos de amor a todos aquellos que de corazón sincero lo buscamos. Él más allá de acusarte, quiere perdonarte y restaurarte.

¿Por qué no somos sinceros delante de Dios y sin tratar de explicar con tantas palabras lo que Él ya sabe, vamos y le confesamos la verdad y sobre todo le pedimos perdón y nos arrepentimos?

¿Tú crees que Dios no conoce ese pecado oculto que nadie conoce de ti?, ¿Tú crees que Dios no sabe en los pasos que andas?, ¿Crees que Dios no se ha dado cuenta de la verdadera intención de tu corazón acerca de eso que quieres emprender?

A veces pensamos que es tan fácil engañar a Dios, pensamos que lo podemos hacer así como lo hacemos con las personas, pero se nos olvida que delante de Dios estamos desnudos, que no podemos ocultar nada, ni los pensamientos, ni las intenciones, nada de nada.

Hoy quiero invitarte a que reconozcas tu estado delante de Dios, a que vayas delante de su presencia y te sinceres con Él, dile la verdad, no tienes que darle vueltas al asunto, sé que Dios ya conoce eso y sobre todo quiere perdonarte, pero para ello tú tienes que confesarlo, ya no guardes mas en tu corazón tanta mentira que lo único que ha hecho es hundirte, alejarte y avergonzarte de ir delante de Dios.

Vivir una vida de mentira es como un cáncer que poco a poco va avanzando en tu vida espiritual y va devorando lo poco de sensibilidad espiritual que hay en ti; no mueras espiritualmente, ve y restaura tu comunión con Dios simplemente siendo sincero con Él, reconociendo tu estado y reconociendo tus errores, pidiendo perdón, pero sobre todo arrepintiéndote de todo corazón, entonces, estoy seguro que Dios te perdonara y restaurara tu vida.

Si Él ya lo sabe, ¿Por qué entonces no le dices la verdad? 

“Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos estar seguros de que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”. 

1 Juan 1:9 (Traducción en lenguaje actual)

Autor: Enrique Monterroza

Escrito originalmente para: www.devocionaldiario.com

Autorizado para publicarse en: www.destellodesugloria.orgwww.enriquemonterroza.com y https://reflexionesydevocionales.blogspot.com

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